COMENTARIO A AMÓS: “Jehová Rugirá”: (III)
COMENTARIO A AMÓS: “Jehová Rugirá”: (III)
“Si el león ruge, ¿quién
no temerá? Si habla Jehová el Señor,
¿quién no profetizará?” (Amos 3:8)
Pastor: Carlos Ramírez Jiménez:
INTRODUCCIÓN:
A. EL
ESCENARIO HISTÓRICO DEL PROFETA AMÓS
El reino extenso y
próspero de Salomón se dividió a su muerte en el 922 a. de J.C. En su lugar quedaron
los dos pequeños reinos de Judá e Israel. En menos de doscientos años ambos
habían alcanzado cierto nivel de prosperidad y el Reino del Norte, conocido
como Israel o Efraín, era el más próspero.
No
obstante, era carcomido por dentro por un cáncer sumamente maligno:
·
Su
pueblo se había distanciado de Dios,
·
Practicando
una religión superficial y
·
Mezclada con el paganismo.
Su
prosperidad era totalmente artificial; ¡el globo esperaba solamente el momento oportuno para estallar!
El
rey Jeroboam II, quien reinó desde el 786 hasta el 746 a. de J.C., logró
colocar sus fronteras donde el gran David las había puesto muchos años antes.
Derrotó al reino de Aram (Damasco)
en la batalla de Carnaim y ocupó territorio hasta muy al norte de Damasco (2
R. 14:25).
Así, los arameos ya no representaban una amenaza para Israel; Asiria en esas fechas no había comenzado su marcha hacia el Mediterráneo en busca de conquistar nuevas tierras. Israel gozaba de una prosperidad desconocida desde los días de Salomón. La agricultura produjo riquezas en ganado, trigo, cebada, aceite de olivo, vino y muchas cosas más. Los artículos que se producían en el país incluían zapatos, muebles con adornos de marfil, cerámica, telas finas y otras cosas. En Samaria, los de la clase alta construyeron sus casas lujosas imitando el palacio del rey con sus adornos de marfil y madera.
En
el sur el rey Uzías (o Azarías)
gobernaba una nación igualmente próspera y tranquila. En el 760 a. de J.C.
vivía en Israel y Judá una generación entera que no había conocido ni la guerra
ni la invasión.
No
obstante, no todo estaba bien en esa sociedad hebrea. A pesar de su
prosperidad económica, la característica principal de la monarquía era su injusticia
social y el enorme contraste entre los ricos y los pobres. Los dueños de
fábricas y fincas pagaban muy poco a sus obreros.
Los
dueños de las pequeñas industrias percibían muy pocas ganancias por sus
productos. Los agricultores a pequeña escala, que cultivaban sus propias
parcelas, estaban a punto de desaparecer debido a la rapacidad de los ricos y
al crecimiento del latifundismo. Los “nuevos ricos” vivían del comercio y les importaba
poco que la tierra fuera la única herencia de los pobres. Tampoco les importaba
mucho la religión nacional,
que era “pura pantalla”; y con este trasfondo empleaban cualquier astucia para torcer a su favor las decisiones de los jueces.
Es bien evidente que la estructura social de Israel había experimentado un cambio radical desde los días de Samuel y David. En el comienzo la sociedad hebrea existía sin distinción de clases. Todo hebreo era miembro de la comunidad del Pacto del Sinaí, y estaba obligado a obedecer la ley de Moisés sin distinción de personas. Incluso, un estudio del Código de Hammurabi (c. 1700 a. de J.C. en Babilonia) en relación con el Libro del Pacto (Éx. 20:21–23:19) revela que mientras el Código de Hammurabi reconoció las distinciones sociales en la aplicación de la ley, en Israel todas las leyes se aplicaban de forma igual a todos los hebreos.
En
aquel entonces la organización de la corte real hebrea fue basada en un modelo
egipcio de nobles y oficiales, y el cambio de la base económica desde la
agricultura hasta el comercio causó el comienzo de enormes tensiones sociales.
El profesor Claus Westermann dice que la predicación contra la injusticia
social por los profetas es la única instancia en la historia universal en que
se puede observar el comienzo de las clases sociales.
La
predicación de Amós era el primer esfuerzo en la historia del mundo de fomentar
una reforma social sin una revolución armada. El problema radicaba en la falta
de respeto de los derechos humanos y la opresión a los pobres por los ricos.
Amós era el primero en verlo en toda su gravedad (Amós 2:6, 7; 3:9, 10; 4:1–3;
5:7–10, 12; 8:4–6). La nueva clase de “ricos” no tenía reparo alguno en explotar a los
pobres. Por primera vez en Israel el dinero, no la tierra, era la base de riqueza
y posición social; no importaban nada los derechos de la familia ni la
obediencia a la ley de Moisés. Las “grandes familias” del reino ya no eran los
ancianos de las tribus sino los nobles de la corte.
Dice Esteban Veghazi que en la sociedad de la época de Amós la riqueza y la posición social reemplazaban el derecho.
B. LAS CONDICIONES RELIGIOSAS EN LA ÉPOCA DE
AMÓS:
La
decadencia religiosa aumentaba juntamente con la “opresora pirámide social”. Los
santuarios florecieron (Amós 4:4, 5; 5:21–24), pero no con un culto puro a
Jehová. La adoración al dios de la fecundidad, Baal, se practicaba en muchos
lugares del norte, a veces en el mismo santuario consagrado a Jehová. Muchos
israelitas tenían poca comprensión de las provisiones de la ley. El mismo rey
era patrón del culto degenerado ofreciendo empleo a sus sacerdotes
y profetas profesionales para obtener su bendición y apoyo (Amós 7:10–13; Miq.
3:5–11).
La época se caracterizaba por la perversión de la justicia por medio del soborno y la influencia política, de la expropiación de los terrenos de los pobres y la opresión de los obreros. En este momento crítico aparecieron los profetas de la justicia social. Amós era el primero de ellos, pero la predicación social se encuentra en casi todos los profetas del siglo octavo; es parte vital del mensaje de la Palabra de Dios. Es nada menos que una tragedia grande que en demasiados casos los pastores cristianos en todos los países han hecho caso omiso de la predicación social que comenzó con los grandes profetas del AT.
Hay
mucho que podemos aprender de ellos y nuestro mundo necesita oír su mensaje. Incluso
no es exagerar decir que las revoluciones sociales de los siglos XIX y XX
ocurrieron porque la predicación social de los profetas fue ignorada por las
iglesias de Europa y sus predicadores. Como consecuencia estamos pagando caro
esta omisión. Como observa Westermann, “la predicación social de los profetas contenía un elemento
revolucionario importante”. Los profetas se atrevieron a oponerse al
orden establecido y sus autoridades, y salieron como campeones de los
oprimidos, los discapacitados y los que habían sido privados de sus derechos.
Lo hicieron todo en el nombre de Dios, sin pensar en las posibles consecuencias
para su propia persona.
C. EL FENÓMENO
DE LOS PROFETAS DEL SIGLO OCTAVO Y SUS LIBROS:
El
siglo octavo antes de Cristo fue una de las épocas más interesantes en la
historia del mundo. En muchos lugares había una inquietud, una esperanza de
mejores tiempos, pero al mismo tiempo una gran incertidumbre sobre el futuro.
Era la calma antes de la tempestad, era un tiempo entre los tiempos, y la gente
en todas partes del globo estaba atenta esperando algo nuevo. Para algunos era
una visión de Dios y para otros la realización de sus propios sueños.
En
esta época Homero comenzó a escribir en Atenas; los arquitectos griegos
ensayaban las técnicas que más tarde dieron al mundo el Partenón y otros
edificios magníficos. En la India el hinduismo floreció, mientras que el pueblo
de la China halló sus normas de vida en el confucianismo. En el pequeño país de
Israel aparecieron cuatro hombres destinados a cambiar el curso de la historia
del mundo: Amós, Oseas, Isaías y Miqueas, todos profetas del Señor.
Representaban
un fenómeno nuevo en Israel; ¡su mensaje espiritual y ético no ha perdido nada de su
validez a través de los años! Eran intérpretes de lo más valioso de
la fe de Israel, pero muy poco sabemos de estas personalidades tan poderosas.
Es evidente que eran personalidades extraordinarias que rechazaron la opinión
popular sobre la realidad social. Proclamaron un punto de vista muy distinto sobre
la vida en Israel. Utilizando sus propias experiencias emplearon una enorme
variedad de imágenes y metáforas en sus discursos. Su hablar es atrevido,
imaginativo y a veces irreverente.
Confrontaron
a sus oyentes con el hecho de que Dios no estaba contento con la realidad
social y que deseaban que hubiera un cambio radical. La dinámica que los motivó
era su absoluta certeza de que eran nada menos que “canales” de la palabra del Dios
soberano. Eran “vehículos”
de un mensaje que no era suyo. Por eso sus discursos reflejaban las
circunstancias sociales que los rodearon. Vieron lo que otros no pudieron ver;
dijeron lo que otros no se atrevieron a decir. Eran artistas comunicando sus
mensajes por símbolos, parábolas, cuadros plásticos y teatro. Estos hombres y
mujeres tan imaginativos tuvieron una influencia poderosa y duradera en la vida
de Israel. Tenían amigos leales, hasta discípulos que valorizaban sus palabras
y las atesoraban.
El
proceso precipitó la compilación de los libros proféticos del AT. Estos libros
no se formaron alrededor de temas literarios o hechos históricos, sino que
fueron basados sobre temas teológicos, convicciones firmes de los profetas.
Ellos hablaron de la misión que Dios encomendó a su pueblo, la promesa de su
presencia permanente con ellos y su juicio inevitable sobre ellos por su desobediencia.
Dios es una realidad que no se puede ignorar.
Por
eso los rabinos colocaron los libros proféticos inmediatamente después de la
Ley en el canon hebreo. La predicación profética surge de los mandamientos y
ordenanzas de la Ley. Sabían que el pueblo vivía bajo la posibilidad de gozar
de las bendiciones del Pacto o sufrir las maldiciones que resultarían de su
desobediencia.
En
realidad, eran verdaderos “siervos de Dios”, responsables únicamente ante el
Dios que los había llamado a su obra. Denunciaron de forma enfática a los
profetas profesionales por su materialismo y servilismo a los reyes (Amós 7:16;
Miq. 3:5). El profesor John Bright destaca cuatro distinciones entre los
profetas clásicos y otros profetas veterotestamentarios, quienes muchas veces
se convirtieron en profetas profesionales:
1. No profetizaban en un frenesí estático, sino con el
dominio absoluto de sus facultades mentales. Dieron oráculos poéticos de alta
calidad literaria. Por regla general dieron sus mensajes en público y estos
fueron recordados, compilados y preparados en forma de un libro o rollo.
2. Aunque algunos tenían discípulos (Is. 8:16) no
profetizaban en grupos sino de forma individual.
3. Aunque proclamaban su mensaje con frecuencia en los
santuarios y algunos eran sacerdotes, no hay evidencia para indicar que eran
funcionarios del templo o cualquier otro santuario. Eran personas de distintas
clases sociales que habían recibido la palabra de Dios y experimentaban un
llamamiento divino a la vocación profética.
4. Finalmente, aunque estaban muchas veces en desacuerdo con la política del estado e hicieron todo lo posible para ejercer influencia en las decisiones nacionales, nunca se entregaron a la actividad revolucionaria para derrocar a las autoridades.
Insistieron
en la conducta recta y la alta moralidad enseñada por el Pacto del Sinaí. Tal
como Samuel, Natán, Elías y otros insistieron en que solo Jehovah merecía la
adoración y exigía de todos sus seguidores una conducta recta. Aparecieron como
mensajeros de Dios, instrumentos de Dios para anunciar su voluntad a la
sociedad humana.
Eran hombres políticos en el sentido que representaban una continuación de los líderes espirituales y cívicos escogidos por Dios para dar comienzo al estado, y su misión era la de recordarles a los hebreos que Dios era el verdadero rey de Israel y su ley y su voluntad eran las autoridades máximas para gobernar tanto la vida individual del ciudadano como el destino de la nación. Aparecieron ante una nación próspera y fuerte para anunciar a sus compatriotas la presencia del cáncer de la inmoralidad y la infidelidad a Dios en el cuerpo nacional, las cuales tarde o temprano iban a destruir el país.
D. LA PERSONALIDAD DE AMÓS:
El profeta Amós es uno de los hombres más perceptivos de la Biblia. En un mundo de paz, prosperidad y progreso él vio que la sociedad hebrea descansaba sobre una base falsa y que su derrumbe era inevitable. Poco se sabe de su vida personal; Amós 1:1 dice que era uno de los pastores de ovejas de la región de Tecoa. Él mismo dijo que era “boyero” o ganadero (boquer H951) (Amós 7:14).
Ayuda Hermenéutica:
H951 וֹקֵר = boquer: propiamente participio activo de H1239 como denominativo de H1241; que cuida ganado: - boyero. (Strong)
Puesto que la Biblia también describe al rey de Moab como ganadero (2 R. 3:4), se ha dicho que Amós era un hombre de ciertos medios, dueño de un rebaño de ovejas pequeñas muy codiciadas por su lana tan excelente. Aunque es imposible saber los detalles a esta distancia, probablemente era un pequeño agricultor con una parcela de terreno en la montaña y otra más abajo donde crecían los higos silvestres (Amós 7:14). Esto sí, era un hombre independiente, acostumbrado a una vida al aire libre.
Su
nombre procede de un verbo que significa “cargar” o “colocar peso” y puede ser traducido como “carga”.
Sus propias experiencias con Dios lo dejaron con una “carga” de responsabilidad que no
pudo eludir. Tuvo que denunciar el pecado de Israel sin pensar en el peligro
que dicha acción podría representar para su propia persona. Procedía de Tecoa,
una aldea en una región escabrosa y desolada a unos quince kilómetros de
Jerusalén y a nueve de Belén. Estaba ubicada a novecientos metros de altura
sobre el nivel del mar. Era un lugar solitario, poco poblado; más tarde sería
posiblemente el escenario de las tentaciones de Jesús y el refugio de Juan el
Bautista.
Desde Tecoa Amós viajaba con frecuencia a Jerusalén, Samaria y Betel para vender lana e higos. El contraste que vio entre su residencia y las ciudades era muy grande; desde el silencio de la montaña hasta el ruido del mercado era otro mundo. No tardó en comprender que detrás del lujo y la prosperidad se ocultaban la opresión de los pobres, la injusticia de los tribunales y la degeneración de una religión materialista. Su propia experiencia con Dios lo convenció de que pronto Dios iba a poner fin a esos abusos tan flagrantes.
En
la soledad de su montaña, bajo las estrellas brillantes, vio la mano de Dios
obrando en la historia humana y no pudo callar de proclamarlo a sus
compatriotas. Había dos fuentes principales del mensaje de Amós.
La
primera y menos importante era su propia sabiduría. Tecoa era
reconocido como residencia de sabios (2 Sam. 14:2) y él era un sabio. Se ha
sugerido que su enseñanza refleja más la sabiduría tradicional de Proverbios
que el conocimiento del culto oficial del Templo. Pero, sin duda, la fuente principal
de su mensaje era Dios quien lo llamó de forma dramática para dar su mensaje en
Samaria.
Amós
describió cinco visiones o sueños de juicio inminente sobre Israel (caps. 7–9).
Algunos eruditos creen que estas visiones constituyen el proceso de su
llamamiento. Como se explicará más adelante, él comenzó intercediendo por
Israel, pero muy pronto comprendió que el pecado estaba tan arraigado en el pueblo
que el juicio de Dios iba a comenzar en el altar del templo y a extenderse a
toda esfera de la sociedad corrupta. Amós mismo describió su llamamiento como
una experiencia de la ley física de causa y efecto (Amós 3:7, 8). La voz de Dios era como el rugido de un león
en la noche y él fue obligado a “profetizar”; no le quedó otra opción.
Finalmente, al contestarle al sacerdote en Betel quien lo acusó de ser un profeta mercenario, Amós anunció que no era ni profeta ni pertenecía al “gremio” de profetas, sino que era un ganadero y agricultor. En un momento crítico Dios mismo lo “tomó” físicamente, exactamente como el artesano toma una herramienta, y lo sacó de su tierra a profetizar a la nación de Israel (Amós 7:10–17). El llamamiento de Amós era tan vivo como el llamamiento del apóstol Pablo y lo motivó a acciones realmente heroicas en el servicio del Señor.
Cinco
cualidades resaltan de la personalidad de Amós:
1. Sencillez.
Amós anticipó la enseñanza del Sermón del monte en su insistencia sobre una
religión sincera, sin excusas ni justificaciones. Odiaba el lujo y la falsedad
tan evidentes en las ceremonias superficiales del culto en Betel. Bien dijo
McKerting que Amós era un “puritano” en el sentido de Juan Bunyan de
Inglaterra.
2. Valentía. Amós
temía a Dios tanto que no temía a ningún ser humano. Dejó su rebaño en las
montañas de Judá y fue solo a la ciudad pecaminosa de Samaria sin protección
alguna; denunció con valentía los pecados sociales que se hallaban allí. Aun
una confrontación con el sumo sacerdote no lo espantó. Su valentía resplandece
por sus sermones directos y breves, sin insinuaciones ni excusas.
3. Independencia. Amós era un hombre de la montaña;
no dependía de nadie. Afirmó que no pertenecía a ningún grupo de profetas
profesionales y por lo tanto aceptó toda la responsabilidad de sus palabras.
4. Visión espiritual. Mientras los demás estaban
ofuscados por la prosperidad y la paz, él vio el cáncer mortal que infectaba al
país. Vio como inevitable el juicio sobre Israel.
5. Elocuencia. Su hebreo era excelente; sabía expresarse bien. Seguramente pasó mucho tiempo meditando sobre lo que iba a decir en la plaza pública de Betel. En la hora de la verdad emergió como uno de los grandes oradores de la historia.
E. LA COMPOSICIÓN DEL LIBRO:
El
libro de Amós es el libro de profecía más antiguo del AT.; por eso algunos
llaman a Amós “padre
de la profecía escrita”. La verdad es que no se sabe ni cuándo ni
dónde el libro adquirió su forma actual.
Hay
dos buenas posibilidades:
· En primer lugar, el mismo profeta pudiera
haber escrito sus mensajes y visiones al regresar a Tecoa; o
· Por otra parte, personas convencidas de
su verdad, quienes huyeron antes de la caída de Samaria pudieron haber llevado
sus mensajes a Jerusalén como testimonio a la verdad de que la nación del norte
había caído debido a su inmoralidad y a su desobediencia al Dios verdadero.
De todas maneras, se ve que la predicación de Amós ejerció una influencia poderosa en la obra de Oseas, Isaías y Jeremías; sus mensajes recogen temas que Amós mencionó por primera vez.
NOTA:
La época: Uzías, el rey de
Judá (791-740 a.C.), reinó sobre una nación próspera, pero aperaba bajo la
influencia de Jeroboam II, rey de Israel (793-753 a.C.) cuyo reino estaba
externamente en el cenit de su poderío pero que interiormente era idólatra y
corrupto (comp. 2 R. 14:24-25).
Aquella época se caracterizaba, además, por la prosperidad material y los males sociales (2:6-8; 3:10; 4:1; 5:10-12; 8:4-6). Fecha: 755 a.C.
Amós
1:1-15:
Amós: Este nombre, que
sólo se usa en este libro, significa «el que lleva la carga».
Pastores: Término que
aparece también en el AT., en relación con otro individuo (Mesa, rey de Moab) y que
probablemente significa «criador» de ganado menor (ovejas
y cabras).
Tecoa: Véase la
introducción a Amós: «Autor».
Profetizó: Un mensaje
recibido por medio de la revelación. Amós tuvo cinco visiones.
Terremoto: Mencionado también en Zc.14:5. Excavaciones realizadas en Hazor hallaron evidencias de un terremoto, el cual fecharon alrededor del 760 a.C.
Si el león ruge, ¿quién no temerá? Si habla Jehová el
Señor, ¿quién no profetizará?
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Nota y Bibliografía:
- Exposición Roy y
Joyce Wyatt. Ayudas Prácticas Roy y Joyce Wyatt. e-Sword-the. LEDD. Mundo
Hispano.
- Biblia de
Estudio RYRIE.
- Pastor: Carlos
Ramírez Jiménez. 9//04//2026. MISIÓN BAUTISTA “Emanuel”. Ciudadela de
Noé. Los Cardos Mz.E-Lt.18. III Etapa.
Cerca del Hospital Regional II. Cel.
937-608382-Tumbes-Huancayo.
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