Parte I: Evidencias Bíblicas Tocante A La Deidad De Cristo: (Mt. 16:17).
Parte I:
Evidencias
Bíblicas Tocante A La Deidad
De Cristo:
«Bienaventurado eres, Simón,
hijo de Jonás, porque no te lo reveló carne ni sangre, sino mi
Padre que está en los cielos»
(Mt. 16:17).
Pastor:
Carlos Ramírez Jiménez:
EL
VOLUMEN DE INVESTIGACIÓN BÍBLICA producido
durante los últimos cien años ha sido en gran manera sorprendente. Casi todas
las áreas de la teología cristiana se han visto afectadas de algún modo por los
nuevos enfoques que se han dado al estudio de las Escrituras. No puede negarse
que el beneficio recibido, en muchos casos, ha sido grande. Debe admitirse, sin
embargo, que en muchos otros casos la fe cristiana ha sufrido rudos ataques de
parte de algunos que en nombre de una supuesta erudición han pretendido negar
los principios vitales del cristianismo.
Una de las doctrinas cristianas que más ha sufrido en los últimos años es la relacionada con la Persona de Cristo. El debate contemporáneo se ha concentrado en la negación rotunda de la deidad de Cristo.1) Tal negación ha sido acompañada de un escepticismo hacia las Escrituras.2) Es natural que ambas actitudes marchen juntas. No se puede creer en la deidad de Cristo sin creer en el testimonio de las Escrituras. Los que niegan la deidad de Jesús rehúsan aceptar la validez del testimonio del Nuevo Testamento.3) Afirman que los escritores del Nuevo Testamento escribieron bajo la influencia del medio cultural en que vivieron. Algunos opinan que los títulos usados con referencia a Cristo, tales como «hijo de Dios» e «hijo del hombre», son de origen helenístico y tuvieron su origen en la iglesia primitiva, no en las enseñanzas dadas por el mismo Jesús.4) Muchos estudiosos de la Biblia, sin embargo, reconocen la centralidad de la doctrina de la deidad de Cristo.5)
Reconocen,
además, que dicha doctrina constituye la piedra angular de la
fe cristiana. Esa convicción se deriva del estudio de las Escrituras
y de la confianza de que lo que la Biblia dice acerca de Cristo
es realidad histórica y no meras
lucubraciones de hombres piadosos. En resumen, nadie
puede negar la deidad de Cristo sin antes haber negado la autoridad de la
Palabra de Dios.6)
Existe una relación estrecha entre lo que se cree tocante a las Escrituras y la doctrina de la Persona de Cristo. Lo que ha de expresarse en este capítulo está basado sobre la autoridad de la Biblia. Sin el testimonio de las Escrituras muy poco se sabría de Cristo. Los documentos del Nuevo Testamento permanecen como testimonio confiable a pesar de todos los ataques que la crítica ha fabricado. De modo que, en el último análisis, la respuesta a la pregunta ¿quién es Jesucristo? sigue dependiendo del testimonio de la Biblia.
I LA
BIBLIA PRESENTA A JESUCRISTO COMO EL HIJO DE DIOS:
Algunos
escritores no tienen ninguna dificultad en reconocer que el Nuevo Testamento se
refiere a Cristo con frecuencia como el hijo de Dios.7) Lo que
muchos no reconocen, sin embargo, es la fuerza con que la expresión «hijo de Dios»
es usada con referencia a Cristo.8)
El testimonio de las Escrituras tocante al uso de la expresión «hijo de Dios» con referencia a Jesús no puede ser más claro. En la ocasión del bautismo del Señor, según el relato de Mateo, «… he aquí que los cielos fueron abiertos, y vio al Espíritu de Dios que descendía como paloma y venía sobre él. Y hubo una voz de los cielos que decía: «Este es mi Hijo, el amado, en quien he puesto mi complacencia»» (Mt. 3:16–17). Indudablemente la voz que fue escuchada por el bautizador fue la del Padre celestial quien se refiere a Jesús, llamándolo «mi Hijo, el amado». La misma expresión ocurre en Mateo 17:5, cuando en el monte de la Transfiguración el Padre habla de nuevo para decir: «Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia; a él oíd».
Es
evidente que la expresión «mi
Hijo amado», usada en Mateo 3:17 y 17:5, guarda una relación muy estrecha
con el Salmo 2:7, donde
Jehová dice:
«Yo publicaré el decreto; Jehová me ha dicho: «Mi hijo eres Tú; Yo te he engendrado hoy». La
referencia a Jesús en el Salmo 2:7 es confirmada por los escritores del Nuevo
Testamento (véanse Hch. 13:33 y Heb. 1:5). El énfasis en dicha expresión tiene
que ver con la relación especial entre Jesús y el Padre.9)
No
sólo el Padre
Celestial reconoce a Jesús como «el Hijo amado», sino
que el mismo Satanás está consciente de esa relación. En Mateo 4:3, 6, el
tentador dice a
Jesús:
«Si eres Hijo de Dios»
(ei
huios ei tou theou).
Dicha expresión es una condicional simple con la que se reconoce
la realidad de lo que se dice. De modo que Satanás reconoce el hecho de que
Jesús es el Hijo de
Dios. Tal vez una mejor manera de expresar el sentido de la frase
sería «ya que eres Hijo de Dios». Satanás está consciente de que Jesús
sostiene una relación especial con el Padre Celestial, que le hace reconocerlo
como Hijo
de Dios.
Teólogos de persuasión liberal
sostienen que Jesús
nunca se refirió a sí mismo como el Hijo de Dios
ni que tal concepto figuró en proclamación pública del Señor.10) Los
eruditos contemporáneos, siguiendo a Rudolf Bultmann, afirman que la expresión «Hijo de Dios»
usada con referencia
a Cristo entró a formar parte del vocabulario cristiano en etapas:
· Primero, fue usada por la comunidad
palestinense que a su vez la había copiado de la tradición judía.
· Luego, pasó
a formar parte de la predicación de la iglesia gentil helenística quien usa
dicha expresión para referirse a la naturaleza de Cristo de la misma manera que
la mitología griega concebía a sus titanes como seres mitad divinos y mitad
humanos.
Sin
embargo, un examen de las Escrituras no muestra apoyo de clase alguna
para tal concepto. Por el contrario, el Nuevo Testamento enseña que Jesús
estaba consciente de Su relación con el Padre Celestial como Hijo de Dios.
La
enseñanza incontrovertible del Nuevo Testamento es que el uso de la expresión «Hijo de Dios»
con referencia a Jesús es un título de Su deidad. Jesús reconoció dicho título
y lo aceptó como algo propio, perteneciente a Su Persona.
Un ejemplo de esa aceptación
se evidencia en la confesión hecha por Pedro en Cesárea de Filipo:
La pregunta de Jesús a
los discípulos fue:
·
«¿Quién dicen los hombres que
es el Hijo del Hombre?»
(Mt. 16:13).
Después
que Pedro expresó las opiniones de los hombres, Jesús preguntó:
·
«Y vosotros, ¿Quién decís que
soy Yo?» (Mt.
16:15).
Pedro
respondió a Jesús:
·
«Tú eres el Cristo [el Mesías], el Hijo del Dios viviente» (Mt.
16:16).
A
raíz de esa confesión, Jesús dice a Pedro:
· «Bienaventurado eres, Simón, hijo de Jonás, porque no te lo reveló carne ni sangre, sino mi Padre que está en los cielos» (Mt. 16:17).
Una
lectura imparcial y sin prejuicios del referido pasaje no deja lugar a dudas de
que Jesús sí reconoció y aceptó su posición como Hijo de Dios. Jesús, además, declaró que
el conocimiento de Su relación con el Padre era algo que podía ser comprendido
por los hombres únicamente por revelación divina.
El apóstol Juan expresa que su propósito en escribir el evangelio que lleva su nombre es «… para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que creyendo, tengáis vida en su nombre» (Jn. 20:31). Las palabras del apóstol Juan tienen un alcance teológico profundo. Jesús es el Mesías, es decir, el Ungido de Dios, pero es también el Hijo de Dios y el Salvador. En otro pasaje del mismo evangelio, Juan se refiere a Jesús como el Hijo Unigénito de Dios (Jn. 3:16). La palabra unigénito (monogene) significa, literalmente, «único en su clase y diferente a toda cosa creada».11) Jesús es Hijo de Dios en un sentido en que ningún otro ser puede serlo. Cristo, como Hijo de Dios, es de la misma sustancia que el Padre e igual al Padre en poder y gloria.12)
Un Escritor Ha Expresado Lo Siguiente:
Ø Cuando un
pecador cree es engendrado de Dios, ese nacimiento tiene lugar. Pero el
nacimiento de Cristo como Hijo de Dios nunca tuvo
lugar. Es una realidad eterna. Cuando un pecador nace de nuevo se convierte en
un hijo de Dios.
Ø Pero el Señor Jesús nunca comenzó a convertirse en hijo de Dios. Siempre lo fue. Debido a que el carácter único de Su nacimiento incluye Su relación eterna como Hijo con el Padre, Juan argumenta que El, debido a la eternidad de Su existencia, tiene que ser Dios.13)
La
relación de Jesús con el Padre como Hijo
Unigénito no
tuvo comienzo, sino que es una relación eterna. En Su oración sumo sacerdotal, Jesús dijo:
«Ahora pues, Padre, glorifícame Tú para contigo, con aquella
gloria que tuve contigo antes que el mundo fuese» (Jn. 17:5). De modo que Jesús confiesa
haber tenido una íntima relación con el Padre, hasta el punto de compartir Su
gloria, aun antes de la creación del universo. Es
evidente que los judíos contemporáneos de Jesús entendieron a cabalidad el
significado de la expresión «Hijo de Dios»,
usada con referencia a Cristo. Por ejemplo, después de haber sanado a un hombre
que hacía treinta y ocho años que estaba enfermo (Jn. 5:5), los judíos
procuraban matar a Jesús.
La
razón principal de tal actitud, en principio, era porque el Señor había
realizado la obra de sanidad en el día de reposo. Jesús se dirigió a sus compatriotas, diciéndoles: «Mi padre hasta ahora
trabaja, y yo trabajo»
(Jn. 5:17). Después de haber hecho tal declaración los judíos se enfurecieron
contra Jesús aún más, y Juan, el evangelista, añade:
«Por
esto los judíos procuraban matarle, porque no sólo quebrantaba el día de
reposo, sino que también decía que Dios era su propio Padre, haciéndose igual a
Dios»
(Jn. 5:18). Es decir, los judíos se ofendieron porque Jesús se refirió a Dios,
llamándolo «mi Padre». Los
judíos entendieron correctamente que al llamar a Dios «mi
Padre»,
Jesús estaba haciéndose igual a Dios.
Que
los israelitas entendieron las implicaciones de la afirmación de Cristo al
llamarse «Hijo
de Dios» es el testimonio incontrovertible del Nuevo Testamento. En el
mismo evangelio según San Juan, se relata otro enfrentamiento entre Jesús y los
judíos. En
esta ocasión Cristo afirma:
«Yo
y el Padre somos una sola cosa» (Jn. 10:30). De nuevo los
judíos se preparan para apedrear a Jesús. El Señor pregunta a los judíos: «¿Por cuáles obras me veáis a
apedrear?».
Ellos respondieron: «… Por buena obra no te
apedreamos, sino por la blasfemia; porque tú, siendo hombre, te haces Dios» (Jn.
10:33). Es patente, por lo tanto, que los contemporáneos de Jesús entendieron
varias cosas que los teólogos modernos parecen no comprender:
1) Jesús sí se refirió a Sí
mismo como el Hijo de Dios;
2) Los
judíos comprendieron las implicaciones de la declaración de Jesús y lo acusaron
de blasfemia; y
3) La expresión Hijo de Dios usada con referencia a Cristo es un título que implica absoluta deidad. Tanto Jesús como Sus discípulos y los judíos que oyeron esa expresión entendieron claramente que la frase Hijo de Dios atribuida a Cristo es equivalente a ser Dios.
El
apóstol Pablo, en su epístola a los romanos, presente a Cristo como el Hijo de
Dios, enfatizando la relación especial de Jesús con el Padre. He aquí las palabras del
apóstol:
Ø
Pablo, siervo de
Jesucristo, llamado a ser apóstol apartado para el evangelio de Dios, que él
había prometido antes por sus profetas en las santas Escrituras, acerca de su
Hijo, nuestro Señor Jesucristo, que es del linaje de David según la carne, que fue declarado Hijo de Dios con poder, según
el Espíritu de santidad, por la resurrección de entre los muertos (Rom. 1:1–4).
En
este pasaje, Pablo presenta a Jesucristo como una Persona tea trópica. Es
decir, como Dios quien ha tomado naturaleza humana. El evangelio, las buenas
nuevas de salvación, es acerca del Hijo
de Dios (Persona divina) quien
era del linaje de David según la carne (naturaleza humana).
Además,
dice Pablo, que Jesús fue declarado Hijo
de Dios con pudor. Debe notarse que, en cuanto a la carne, es decir, a Su
naturaleza humana, Jesús «vino
a ser» (genomenou) o «nació»
de la simiente de David (ek spermatas Dauid). Así
explica Pablo el origen de la humanidad de Jesús. Sin embargo, en lo que
concierne a Su origen divino, Pablo dice que Jesús fue «declarado», «definido» o «designado»
(horisthentos) Hijo de Dios
Nótese:
·
Que
Jesús no fue hecho Hijo de Dios a causa de la
resurrección,
·
Sino
que fue declarado Hijo de Dios.
Es
decir que la resurrección de Cristo es una poderosa confirmación de Su carácter
como Hijo
de Dios. En
resumen, el argumento del apóstol Pablo no es que Jesús se convirtió en «Hijo de Dios»
al resucitar de entre los muertos, sino que la resurrección de
Cristo es una verificación y una manifestación de Su deidad. La resurrección de
Jesucristo es la confirmación de que Él es todo lo que dijo ser. Los teólogos
de la escuela liberal, al rechazar de antemano el testimonio de las Escrituras,
concluyen que Jesús nunca tuvo conciencia de que era el Hijo de Dios.14)
Según
ellos, la iglesia primitiva engendró la tradición que aparece en las Escrituras
del Nuevo Testamento. Dicen, además, que dicha tradición incorporó ciertas
creencias de la mitología griega tal como la del theios aner
u «hombre divino».15)
De modo que, según estos teólogos, el título «Hijo de
Dios»
dado a Cristo en el Nuevo Testamento tiene raíces paganas y fue incorporado en
el vocabulario de la iglesia con el fin de explicar a la sociedad de aquellos
tiempos el mensaje tocante a Jesús.16)
Por
supuesto que para llegar a esa conclusión los teólogos de la escuela liberal se
ven obligados a despreciar el testimonio del Nuevo Testamento, particularmente
el de los evangelios. Por ejemplo, Lucas 1:32 dice que Jesús sería «llamado Hijo del Altísimo»; en Lucas 2:49, Jesús, respondiendo a una
pregunta de María
dice: «¿No sabéis que yo debo estar en
los asuntos de mi Padre?»
Como se ha mencionado dos veces ya, el Padre celestial (Mt. 3:17;
17:5) se refiere a Cristo como «mi Hijo amado». Jesús
se refiere a una relación íntima entre él y el Padre, cuando dice en Mateo 11:27: «Todas las cosas me fueron entregadas por mi Padre; y nadie conoce
perfectamente al Hijo, sino el Padre, y ninguno conoce perfectamente al Padre,
sino el Hijo y aquel a quien el Hijo resuelva revelarlo» (R.
V. 1977). Un escritor católico ha captado bien el concepto nuevo
testamentario de «Hijo de Dios» con
referencia a Cristo:
· Los evangelistas, escribiendo en el período posterior a la resurrección tenían en mente el concepto de Hijo divino en el sentido estricto. Que el título «Hijo de Dios» está abierto al significado de Hijo divino en el sentido trascendental se hace patente de la manera en que Jesús llama a Dios no «nuestro Padre» sino «mi Padre». El concepto de la singularidad del Hijo es calificado a través de la idea de la relación de obediencia al Padre.17)
Si
se acepta el testimonio del Nuevo Testamento como una fiel expresión de la
revelación de Dios y si se acepta que los evangelistas escribieron las palabras
de Jesús tal como el Espíritu
Santo les ayudaba a recordar (Jn. 14:26; 16:12–15), no puede soslayarse
el hecho de que Jesús es «el Hijo de Dios» en una
forma única y como tal es uno con el Padre en esencia, en atributos y en
gloria.
II. LA BIBLIA PRESENTA A CRISTO COMO EL HIJO DEL
HOMBRE:
La
expresión «el Hijo del Hombre» aparece
unas 55 veces en los evangelios y una vez en Hechos 7:56. Con la excepción de
Juan 12:34 y Hechos 7:56, sólo Jesús usa dicha frase, siempre con referencia a
Sí mismo y en la tercera persona. Dicha frase ha sido considerada enigmática
por muchos, tanto en su origen como en su significado y ha sido objeto de mucha
investigación.18)
Debido a que es una expresión rara en el idioma griego, muchos
opinan, con razón, que la frase «el Hijo del Hombre» (ho houios tou anthropou) tiene
sus raíces en la cultura semita.19)
Algunos entienden que la expresión «el Hijo del Hombre» fue usada por Jesús como una especie de circunlocución para referirse a su propia persona.20) Otros expertos, sin embargo, opinan que la mencionada frase es usada en los evangelios como un título equivalente a El Hombre con mayúscula, refiriéndose, por lo tanto, a la figura apocalíptica de Daniel 7:13.21)
En
cuanto al origen, la expresión «el Hijo del Hombre»
aparece en tres contextos de la literatura apocalíptica judaica: en el libro canónico de Daniel 7:13 y en literatura Pseudo epigráfica 4 Esdras 13; 1 Enoc 37–71. Además, aparece
en el libro de Ezequiel como una referencia al profeta. Se ha observado, sin
embargo, que las dos referencias en la literatura Pseudo epigráfica se
encuentran en libros generalmente reconocidos como posteriores al tiempo del
ministerio terrenal de Cristo.
De
modo que no influyeron en forma alguna en el uso de la expresión «el Hijo del Hombre»
en los evangelios. El uso de la frase en el libro de Ezequiel es
distinto al que aparece en el Nuevo Testamento. En el libro de Ezequiel la
expresión «hijo del hombre»
apunta hacia la debilidad del profeta. Eso significa, por lo tanto, que el
pasaje de Daniel 7:13 ofrece la mejor probabilidad de haber servido de
trasfondo para el uso que Jesús hizo en los evangelios de la frase «el Hijo del Hombre».22)
Como
es de esperarse, los teólogos de la escuela
liberal no escatiman esfuerzo con tal de negar la autenticidad de la
expresión «el Hijo del Hombre» y el
significado de su uso. Para algunos, el uso de la mencionada expresión es
totalmente obra de la iglesia primitiva, aunque admiten la posibilidad de que
Jesús usase la frase en algunas de Sus enseñanzas.23) En
años recientes, se ha sugerido que Jesús usó la frase «el Hijo
del Hombre» como
una referencia a otro personaje diferente de sí mismo que haría su aparición en
un futuro y ante quien los hombres tendrían que dar cuenta en el día del
juicio.24)
Según este punto de vista, fue la iglesia primitiva la que posteriormente interpretó lo dicho por Jesús, concluyendo que Jesús era ese personaje que aparecería en los postreros días.25) En fin, la crítica pretende, por un lado, negar que la expresión «el Hijo del Hombre» sea un título usado por Jesús para referirse a sí mismo como el personaje divino que aparece en Daniel 7:13. Por otro lado, insisten en que fue la iglesia primitiva la que inventó el uso de dicha frase como una interpretación posterior a las enseñanzas de Jesús.
Hay, sin embargo, varias
objeciones al punto de vista de la crítica liberal:
· Primeramente, si la
expresión «el Hijo del Hombre» fue
producto de la imaginación de la iglesia primitiva, ¿por qué
es que sólo aparece en labios de Jesús en los evangelios? ¿Por qué es que dicha frase
no aparece en las epístolas doctrinales? Si la mencionada frase fue inventada por
la iglesia primitiva, lógicamente debió ser usada como una fórmula confesional
y usada ampliamente a través de los libros del Nuevo Testamento. Lo cierto es,
sin embargo, que con la excepción de Hechos 7:56; Apocalipsis 1:13 y 14:14 la
expresión no se usa con referencia a Cristo en el resto del Nuevo Testamento.
Lo cierto es, sin embargo, que con la excepción de Hechos 7:56; Apocalipsis
1:13 y 14:14 la expresión no se usa con referencia a Cristo en el resto del
Nuevo Testamento.26)
· En
segundo lugar,
no existe ninguna evidencia de que Cristo hubiese enseñado que otro personaje
distinto de El vendría al final de los tiempos. Jesús habló de Su segunda
venida (Jn. 14:3). Los ángeles que hablaron a los apóstoles en Hechos 1,
específicamente dijeron «este mismo Jesús que ha sido
tomado de entre vosotros al cielo, así vendrá como le habéis visto ir al cielo» (Hch.
1:11).
· Finalmente, debe notarse que la crítica se esfuerza en pasar por alto la importancia del pasaje de Daniel 7 y sus implicaciones mesiánicas. El personaje de Daniel 7:13–14 que aparece junto al Anciano de días (figura del Padre); «viene con las nubes del cielo»; «le fue dado dominio, gloria y reino»; «será servido por todos los pueblos, naciones y lenguas»; «su dominio eterno, que nunca pasará, y su reino que no será destruido jamás». «El Hijo del Hombre» es presentado aquí como alguien que tiene una autoridad que sobrepasa la de cualquier ser humano, rey o emperador. De modo que debe de entenderse que una de las características que distingue al Hijo del Hombre es Su autoridad sobrenatural.
Los usos de la expresión
«el Hijo del Hombre» en
los evangelios sinópticos:
La expresión
«el Hijo del Hombre»
ha sido clasificada en tres categorías distintas, según aparece en los
evangelios sinópticos:
1. Referencias relacionadas con las actividades del ministerio terrenal
del Hijo del Hombre (Mr. 2:8, 28; Lc. 7:34; 9:58;
19:10).
2. Referencias tocante a los sufrimientos, muerte y resurrección
del Hijo del Hombre (Mr. 8:31; 10:45; 14:21, 41).
3. Referencias relacionadas con la venida futura, la exaltación y los juicios del Hijo del Hombre (Mr. 8:38; 13:26; 14:62; Lc. 12:8–12, 35–40; 17:22–30, 18:8; Mt. 10:23; 19:28).27)
Aunque
la referida clasificación no es del todo satisfactoria ya que no toma en
consideración todos los usos y las aplicaciones de la frase ni toma en cuenta
el hecho de que algunos de los usos pertenecen a más de una clasificación,
puede decirse que facilita en gran manera el estudio de la cuestión. Esta
triple división o clasificación fue sugerida primeramente por Rudolf Boltzmann,
aunque él sólo reconocía como auténtica la tercera de las tres categorías.28)
Algo
que muchos teólogos desafortunadamente pasan por alto es el hecho de que en la
gran mayoría de las citas en las que Jesús usa la expresión «el Hijo del Hombre»
hay un énfasis marcado tocante a Su autoridad en relación con algo
que lo identifica como un personaje sobrenatural.
Por ejemplo, en Marcos 2,
Jesús dice a un paralítico:
·
«Hijo, tus pecados te son
perdonados» (2:5).
Los escribas que estaban
presentes acusan a Jesús de blasfemia y dicen:
·
«¿Quién puede perdonar pecados
sino sólo Dios?»
(2:7).
A
raíz de esa pregunta, Jesús hace la siguiente afirmación:
·
«Pues para que sepáis que el Hijo
del Hombre tiene autoridad (exous) en la tierra para perdonar pecados…»
(2:10).
La pregunta que se había suscitado giraba alrededor de la cuestión de si Jesús tenía la autoridad de ejercer una prerrogativa que sólo corresponde a Dios, es decir, la autoridad para perdonar pecados. Jesús usa el título de «el Hijo del Hombre» para afirmar que, como tal, él posee dicha autoridad.29)
Otro
importante pasaje donde la autoridad de Jesús es cuestionada aparece en los
tres evangelios sinópticos (Mt. 12:1–8; Mr. 2:23–28; Lc. 6:1–5). Los fariseos
acusan a los discípulos de Jesús de transgredir la ley del sábado porque habían
arrancado espigas para comer. En respuesta a los fariseos, el Señor apela
primero al testimonio del Antiguo Testamento. David comió los panes de la
proposición cuando tuvo hambre. Algo que sólo era lícito a los sacerdotes. Los
sacerdotes que servían en el templo tenían que realizar sus funciones
sacerdotales en el día de reposo, algo que requería trabajo. De modo que aún la
ley permitía la ejecución de ciertas labores en el sábado que eran consideradas
lícitas (Núm. 28:9, 10).
El reconocido expositor Richard Lenski ha hecho el siguiente comentario tocante al pasaje de Mateo 12:1–8: En el versículo 3 el argumento es del mayor (el pan santo) al menor (las espigas). En el versículo 5 el argumento es del menor (el Templo) al mayor (algo mayor que el Templo). Ambos son del mismo modo incontestables. En el versículo 6 además, la completa autoridad divina de Jesús confronta a los engreídos fariseos. Aquel que es mayor que el Tabernáculo y el Templo está aquí, el único que tiene autoridad para juzgar lo que constituye una violación del sábado que es servido por el Tabernáculo y el Templo.30) Jesús impugna la actitud de los fariseos, usando un versículo del Antiguo Testamento (Os. 6:6) en el que Dios llama a Israel a abandonar la apostasía y a reconocer la soberanía de Jehová.
Los fariseos habían corrompido la ley, incluyendo el significado del sábado. Jesús, como «el Hijo del Hombre», es Señor = (Kyrios) del sábado. El vino no a abrogar sino a cumplir la ley (Mt. 5:17). Como Señor del sábado, Jesús cumple la ley y demanda que otros la cumplan. Los fariseos cuestionaban la autoridad de Jesús.
Ayuda
Hermenéutica:
G2962 κύριος = kúrios: de κῦρος = kúros (supremacía); supremo en autoridad, i.e. (como sustantivo) controlador; por implicación señor (como título de respeto): - Señor, soberano, ungido, hacer, amo, Cristo, Dios, dueño. (Strong).
El
Señor les responde, diciéndoles que Él es mayor que el Templo y mayor que el
Sábado, porque es «el Hijo del Hombre». Los fariseos acusaban a los
discípulos de quebrantar el sábado. Jesús les responde, diciendo:
·
¿Quién mejor que el Hijo del Hombre, el Señor del sábado, puede juzgar si los discípulos
han violado o no la ley del sábado?
Una
vez más debe notarse que Jesús habla de una autoridad que está por encima de la
que un simple hombre podría ejercer.
Un
aspecto de capital importancia relacionado con la expresión «el Hijo
del Hombre» se
relaciona con la humanidad de nuestro Señor. Fue como hombre que Cristo nació,
vivió en esta tierra, murió, resucitó y fue exaltado a la diestra de Dios. No
debe olvidarse en ningún momento que Jesús es verdadero hombre sin pecado. Ahora
bien, debe observarse que Jesús es «el Hijo del Hombre» (ho huios tou anthropou).
La
repetición del artículo definido en el texto griego enfatiza la identidad del Señor.
La referencia no es a «un hijo de hombre», es
decir, a un ser humano cualquiera, sino a un ser particular quien es al mismo
tiempo «el Hijo del Hombre»
y «el Hijo del Dios viviente» (Mt. 16:13, 16).
El
Mesías, como hijo de David, es miembro de la raza humana (Lc. 1:31–33) y, como
tal, es también «el Hijo del Hombre». Como
miembro de la raza humana, el Mesías es contemplado en:
·
Su
humillación, y
· Sus sufrimientos.
Es en esa luz que Jesús habló de sí mismo, diciendo:
Ø «Las zorras tienen guaridas, y las aves del cielo nidos; pero el Hijo del Hombre no tiene dónde reclinar su cabeza» (Mt. 8:20).
Fue
desde esa misma perspectiva que Jesús enseñó a Sus discípulos que «el Hijo del Hombre» sería entregado a hombres inicuos, sería
condenado a muerte, pero resucitaría al tercer día (Mr. 9:31). El testimonio
insoslayable de los evangelios, por lo tanto, es que Jesús está consciente de
que El, como «el Hijo del Hombre», es
decir, como el representante perfecto de la raza humana, quien es hombre, pero
más que hombre es el Verbo
encarnado, ha de morir por el pecado del mundo. Jesús profetizó Su muerte y
Su resurrección (Mt. 17:22–23).
Si
se acepta el testimonio de los evangelios sin los prejuicios lucubrados por la
crítica moderna, podría entenderse sin mayor dificultad que los sufrimientos
del Hijo del Hombre constituyen una verdad profetizada a través de las
Escrituras. Jesús mismo enseñó a Sus discípulos después de Su resurrección que
lo que le había ocurrido no era algo fortuito, sino que había sido predicho en
la Ley y en todos los profetas (Lc. 24:27).
Era
necesario que se cumpliese todo lo que está escrito tocante al Mesías (quien a su vez es
«el Hijo del Hombre» y el «Hijo del Dios viviente») en la Ley, los profetas y los Salmos. La
perfecta concordancia entre las Escrituras del Antiguo Testamento (véanse Is.
40–55; Salm. 22; Dn. 9:26) y las del Nuevo Testamento referente a los
sufrimientos, muerte y resurrección «del Hijo del Hombre» debe
de servir, si no de prueba final, por lo menos de un firme apoyo con miras a
descubrir el origen y la naturaleza de Su persona.
Por
último, es necesario considerar también la coyuntura
escatológica de la expresión «el
Hijo del Hombre».
No es posible en un espacio breve dar la atención debida a todos los
pasajes relacionados con esta cuestión. Sólo se mencionarán los más
pertinentes, esperando que el lector interesado en el tema investigue más
profundamente esta importante área de la cristología.
Los
teólogos liberales insisten
en que todos los usos de la frase «el Hijo del Hombre» proceden
de una época posterior al ministerio terrenal de Cristo. Según ellos, fue la
iglesia primitiva quien dio origen a la mencionada frase como usa
interpretación de la esperanza de una futura segunda venida de Cristo.31) El
punto medular de la discusión es el hecho de que los teólogos liberales rehúsan
reconocer que Jesús interpretó muchos pasajes del Antiguo Testamento. Una
lectura, por superficial que sea, de los evangelios revela que Jesús
constantemente apela al Antiguo Testamento, algunas veces para refutar las
falsas enseñanzas de los religiosos de su tiempo, otras para explicar alguna
verdad tocante a Su persona. Surge
la pregunta, entonces:
·
¿Por qué razón no pudo Jesús
haber interpretado el pasaje de Daniel 7:13ss?
· ¿Por qué decir que tuvo que
ser la iglesia primitiva y no el mismo Jesús quien hizo referencia a la venida
en gloria del Hijo del Hombre?
La crítica pasa
por alto el hecho de que, además de Daniel 7, hay otros muchos pasajes del
Antiguo Testamento que claramente enseñan la venida del Rey‐Mesías (el Hijo del Hombre) con poder,
gloria y majestad real en el mismo sentido como aparece en Daniel 7:13–14. He aquí algunos ejemplos:
· «He aquí que reinará un rey con rectitud, y los magistrados
gobernarán con justicia. Y será aquel varón [Whaih‐ish] como un escondedero
contra el viento, y como un
refugio contra el turbión; como arroyos de agua en tierra de sequedad, como
sombra de gran peñasco en tierra calurosa (Is.
32:1–2)».
· «Tus ojos verán al Rey en su hermosura; verán una tierra dilatada…
Porque Jehová es nuestro juez, Jehová es nuestro legislador, Jehová es nuestro
Rey; él mismo nos salvará» (Is.
33:17–22).
Las Escrituras
del Antiguo Testamento anuncian la venida de Uno que será «el
retoño del tronco de Isaí», «Rey sobre toda la tierra»,
cuyo
nombre se llamará «Admirable, Consejero, Dios fuerte, Padre de la
eternidad, Príncipe de paz. Lo
dilatado de su imperio y la paz no tendrán límite, sobre el trono de David y
sobre su reino, para restaurarlo y consolidarlo en juicio y en justicia desde
ahora y para siempre» (Is. 9:6–7;
Is. 40:9–10; comp. Lc. 1:30–33).
Esos pasajes del Antiguo Testamento concuerdan con las palabras de Cristo en el Nuevo Testamento. El Señor menciona la venida del Hijo del Hombre en la gloria de Su Padre con los santos ángeles (Mr. 8:38). En Mateo 16:27 a 17:13, Jesús anticipó a tres de Sus discípulos algo tocante a la venida en gloria del Hijo del Hombre.
El
Señor llevó a Pedro, Jacobo y Juan al Monte de la Transfiguración y
allí les mostró lo que ocurrirá cuando Daniel 7:13–14 tenga su cumplimiento
completo (véase también Mt. 19:28). De igual modo, en Mateo 24, Jesús se
refiere a Su segunda venida (24:3) como la venida en gloria del Hijo del Hombre.
En Mateo 24:30, dice:
· «Entonces aparecerá la señal del Hijo del Hombre en el cielo; y entonces harán
duelo todas las tribus de la tierra, y verán al Hijo del Hombre viniendo sobre
las nubes del cielo, con poder y gran gloria».
En
otra referencia tocante al mismo tema dice:
· «Cuando el Hijo del Hombre venga en su gloria, y todos los santos ángeles con él, entonces se sentará en el trono de su gloria» (Mt. 24:31). En el mismo contexto se le llama «Rey» al Hijo del Hombre (véase Mt. 24:34, 40).
En resumen,
la expresión, «el Hijo del Hombre» es un
título cristológico que identifica al Mesías con la humanidad como el Hombre
perfecto. El Mesías, como el Hijo
del Hombre, nace, convive con los hombres, sufre, muere y resucita. El Hijo del Hombre,
además, es el Hijo del
Dios viviente, el que viene a reinar como Rey de reyes
y Señor de señores.
«El Hijo del Hombre es una figura de autoridad en la tierra y un día
aparecerá revestido de poder celestial cuando participe en el juicio final».32)
Debe subrayarse, sin embargo, que «el Hijo
del Hombre» no
es un simple hombre sino la Segunda Persona de la Trinidad.
El
Verbo
hecho carne, quien aún en Su humillación tenía autoridad para perdonar pecados
(Mr. 2:10). El Hijo del
Hombre fue exaltado a la diestra de la Majestad en las alturas y de
allá vendrá con poder y gran gloria. Las palabras de Cristo a Natanael
describen la gloria del Hijo
del Hombre: «… De cierto, de cierto os digo: «De aquí en adelante veréis el cielo abierto, y a los ángeles de Dios
que suben y descienden sobre el Hijo del Hombre» (Jn. 1:51).
Véase Parte II:


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