Parte I: Evidencias Bíblicas Tocante A La Deidad De Cristo: (Mt. 16:17).

 Parte I:

Evidencias Bíblicas Tocante A La Deidad De Cristo:

 

«Bienaventurado eres, Simón, hijo de Jonás, porque no te lo reveló carne ni sangre, sino mi Padre que está en los cielos» (Mt. 16:17).

Pastor: Carlos Ramírez Jiménez:

EL VOLUMEN DE INVESTIGACIÓN BÍBLICA producido durante los últimos cien años ha sido en gran manera sorprendente. Casi todas las áreas de la teología cristiana se han visto afectadas de algún modo por los nuevos enfoques que se han dado al estudio de las Escrituras. No puede negarse que el beneficio recibido, en muchos casos, ha sido grande. Debe admitirse, sin embargo, que en muchos otros casos la fe cristiana ha sufrido rudos ataques de parte de algunos que en nombre de una supuesta erudición han pretendido negar los principios vitales del cristianismo.

Una de las doctrinas cristianas que más ha sufrido en los últimos años es la relacionada con la Persona de Cristo. El debate contemporáneo se ha concentrado en la negación rotunda de la deidad de Cristo.1) Tal negación ha sido acompañada de un escepticismo hacia las Escrituras.2) Es natural que ambas actitudes marchen juntas. No se puede creer en la deidad de Cristo sin creer en el testimonio de las Escrituras. Los que niegan la deidad de Jesús rehúsan aceptar la validez del testimonio del Nuevo Testamento.3) Afirman que los escritores del Nuevo Testamento escribieron bajo la influencia del medio cultural en que vivieron. Algunos opinan que los títulos usados con referencia a Cristo, tales como «hijo de Dios» e «hijo del hombre», son de origen helenístico y tuvieron su origen en la iglesia primitiva, no en las enseñanzas dadas por el mismo Jesús.4) Muchos estudiosos de la Biblia, sin embargo, reconocen la centralidad de la doctrina de la deidad de Cristo.5)

Reconocen, además, que dicha doctrina constituye la piedra angular de la fe cristiana. Esa convicción se deriva del estudio de las Escrituras y de la confianza de que lo que la Biblia dice acerca de Cristo es realidad histórica y no meras lucubraciones de hombres piadosos. En resumen, nadie puede negar la deidad de Cristo sin antes haber negado la autoridad de la Palabra de Dios.6)

Existe una relación estrecha entre lo que se cree tocante a las Escrituras y la doctrina de la Persona de Cristo. Lo que ha de expresarse en este capítulo está basado sobre la autoridad de la Biblia. Sin el testimonio de las Escrituras muy poco se sabría de Cristo. Los documentos del Nuevo Testamento permanecen como testimonio confiable a pesar de todos los ataques que la crítica ha fabricado. De modo que, en el último análisis, la respuesta a la pregunta ¿quién es Jesucristo? sigue dependiendo del testimonio de la Biblia.


I    LA BIBLIA PRESENTA A JESUCRISTO COMO EL HIJO DE DIOS:

Algunos escritores no tienen ninguna dificultad en reconocer que el Nuevo Testamento se refiere a Cristo con frecuencia como el hijo de Dios.7) Lo que muchos no reconocen, sin embargo, es la fuerza con que la expresión «hijo de Dios» es usada con referencia a Cristo.8)

El testimonio de las Escrituras tocante al uso de la expresión «hijo de Dios» con referencia a Jesús no puede ser más claro. En la ocasión del bautismo del Señor, según el relato de Mateo, «… he aquí que los cielos fueron abiertos, y vio al Espíritu de Dios que descendía como paloma y venía sobre él. Y hubo una voz de los cielos que decía: «Este es mi Hijo, el amado, en quien he puesto mi complacencia»» (Mt. 3:16–17). Indudablemente la voz que fue escuchada por el bautizador fue la del Padre celestial quien se refiere a Jesús, llamándolo «mi Hijo, el amado». La misma expresión ocurre en Mateo 17:5, cuando en el monte de la Transfiguración el Padre habla de nuevo para decir: «Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia; a él oíd».

Es evidente que la expresión «mi Hijo amado», usada en Mateo 3:17 y 17:5, guarda una relación muy estrecha con el Salmo 2:7, donde Jehová dice: «Yo publicaré el decreto; Jehová me ha dicho: «Mi hijo eres Tú; Yo te he engendrado hoy». La referencia a Jesús en el Salmo 2:7 es confirmada por los escritores del Nuevo Testamento (véanse Hch. 13:33 y Heb. 1:5). El énfasis en dicha expresión tiene que ver con la relación especial entre Jesús y el Padre.9)

No sólo el Padre Celestial reconoce a Jesús como «el Hijo amado», sino que el mismo Satanás está consciente de esa relación. En Mateo 4:3, 6, el tentador dice a Jesús: «Si eres Hijo de Dios» (ei huios ei tou theou). Dicha expresión es una condicional simple con la que se reconoce la realidad de lo que se dice. De modo que Satanás reconoce el hecho de que Jesús es el Hijo de Dios. Tal vez una mejor manera de expresar el sentido de la frase sería «ya que eres Hijo de Dios». Satanás está consciente de que Jesús sostiene una relación especial con el Padre Celestial, que le hace reconocerlo como Hijo de Dios.

Teólogos de persuasión liberal sostienen que Jesús nunca se refirió a sí mismo como el Hijo de Dios ni que tal concepto figuró en proclamación pública del Señor.10) Los eruditos contemporáneos, siguiendo a Rudolf Bultmann, afirman que la expresión «Hijo de Dios» usada con referencia a Cristo entró a formar parte del vocabulario cristiano en etapas:

·    Primero, fue usada por la comunidad palestinense que a su vez la había copiado de la tradición judía.

·    Luego, pasó a formar parte de la predicación de la iglesia gentil helenística quien usa dicha expresión para referirse a la naturaleza de Cristo de la misma manera que la mitología griega concebía a sus titanes como seres mitad divinos y mitad humanos.

Sin embargo, un examen de las Escrituras no muestra apoyo de clase alguna para tal concepto. Por el contrario, el Nuevo Testamento enseña que Jesús estaba consciente de Su relación con el Padre Celestial como Hijo de Dios.

La enseñanza incontrovertible del Nuevo Testamento es que el uso de la expresión «Hijo de Dios» con referencia a Jesús es un título de Su deidad. Jesús reconoció dicho título y lo aceptó como algo propio, perteneciente a Su Persona.

Un ejemplo de esa aceptación se evidencia en la confesión hecha por Pedro en Cesárea de Filipo:

La pregunta de Jesús a los discípulos fue:

·      «¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del Hombre(Mt. 16:13).

Después que Pedro expresó las opiniones de los hombres, Jesús preguntó:

·      «Y vosotros, ¿Quién decís que soy Yo(Mt. 16:15).

Pedro respondió a Jesús:

·      «Tú eres el Cristo [el Mesías], el Hijo del Dios viviente» (Mt. 16:16).

A raíz de esa confesión, Jesús dice a Pedro:

·     «Bienaventurado eres, Simón, hijo de Jonás, porque no te lo reveló carne ni sangre, sino mi Padre que está en los cielos» (Mt. 16:17).

Una lectura imparcial y sin prejuicios del referido pasaje no deja lugar a dudas de que Jesús sí reconoció y aceptó su posición como Hijo de Dios. Jesús, además, declaró que el conocimiento de Su relación con el Padre era algo que podía ser comprendido por los hombres únicamente por revelación divina.

El apóstol Juan expresa que su propósito en escribir el evangelio que lleva su nombre es «… para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que creyendo, tengáis vida en su nombre» (Jn. 20:31). Las palabras del apóstol Juan tienen un alcance teológico profundo. Jesús es el Mesías, es decir, el Ungido de Dios, pero es también el Hijo de Dios y el Salvador. En otro pasaje del mismo evangelio, Juan se refiere a Jesús como el Hijo Unigénito de Dios (Jn. 3:16). La palabra unigénito (monogene) significa, literalmente, «único en su clase y diferente a toda cosa creada».11) Jesús es Hijo de Dios en un sentido en que ningún otro ser puede serlo. Cristo, como Hijo de Dios, es de la misma sustancia que el Padre e igual al Padre en poder y gloria.12)

Un Escritor Ha Expresado Lo Siguiente:

Ø Cuando un pecador cree es engendrado de Dios, ese nacimiento tiene lugar. Pero el nacimiento de Cristo como Hijo de Dios nunca tuvo lugar. Es una realidad eterna. Cuando un pecador nace de nuevo se convierte en un hijo de Dios.

Ø Pero el Señor Jesús nunca comenzó a convertirse en hijo de Dios. Siempre lo fue. Debido a que el carácter único de Su nacimiento incluye Su relación eterna como Hijo con el Padre, Juan argumenta que El, debido a la eternidad de Su existencia, tiene que ser Dios.13)

La relación de Jesús con el Padre como Hijo Unigénito no tuvo comienzo, sino que es una relación eterna. En Su oración sumo sacerdotal, Jesús dijo: «Ahora pues, Padre, glorifícame Tú para contigo, con aquella gloria que tuve contigo antes que el mundo fuese» (Jn. 17:5). De modo que Jesús confiesa haber tenido una íntima relación con el Padre, hasta el punto de compartir Su gloria, aun antes de la creación del universo. Es evidente que los judíos contemporáneos de Jesús entendieron a cabalidad el significado de la expresión «Hijo de Dios», usada con referencia a Cristo. Por ejemplo, después de haber sanado a un hombre que hacía treinta y ocho años que estaba enfermo (Jn. 5:5), los judíos procuraban matar a Jesús.

La razón principal de tal actitud, en principio, era porque el Señor había realizado la obra de sanidad en el día de reposo. Jesús se dirigió a sus compatriotas, diciéndoles: «Mi padre hasta ahora trabaja, y yo trabajo» (Jn. 5:17). Después de haber hecho tal declaración los judíos se enfurecieron contra Jesús aún más, y Juan, el evangelista, añade: «Por esto los judíos procuraban matarle, porque no sólo quebrantaba el día de reposo, sino que también decía que Dios era su propio Padre, haciéndose igual a Dios» (Jn. 5:18). Es decir, los judíos se ofendieron porque Jesús se refirió a Dios, llamándolo «mi Padre». Los judíos entendieron correctamente que al llamar a Dios «mi Padre», Jesús estaba haciéndose igual a Dios.

Que los israelitas entendieron las implicaciones de la afirmación de Cristo al llamarse «Hijo de Dios» es el testimonio incontrovertible del Nuevo Testamento. En el mismo evangelio según San Juan, se relata otro enfrentamiento entre Jesús y los judíos. En esta ocasión Cristo afirma: «Yo y el Padre somos una sola cosa» (Jn. 10:30). De nuevo los judíos se preparan para apedrear a Jesús. El Señor pregunta a los judíos: «¿Por cuáles obras me veáis a apedrear. Ellos respondieron: «… Por buena obra no te apedreamos, sino por la blasfemia; porque tú, siendo hombre, te haces Dios» (Jn. 10:33). Es patente, por lo tanto, que los contemporáneos de Jesús entendieron varias cosas que los teólogos modernos parecen no comprender:

1) Jesús sí se refirió a Sí mismo como el Hijo de Dios;

2) Los judíos comprendieron las implicaciones de la declaración de Jesús y lo acusaron de blasfemia; y

3) La expresión Hijo de Dios usada con referencia a Cristo es un título que implica absoluta deidad. Tanto Jesús como Sus discípulos y los judíos que oyeron esa expresión entendieron claramente que la frase Hijo de Dios atribuida a Cristo es equivalente a ser Dios.

El apóstol Pablo, en su epístola a los romanos, presente a Cristo como el Hijo de Dios, enfatizando la relación especial de Jesús con el Padre. He aquí las palabras del apóstol:

Ø Pablo, siervo de Jesucristo, llamado a ser apóstol apartado para el evangelio de Dios, que él había prometido antes por sus profetas en las santas Escrituras, acerca de su Hijo, nuestro Señor Jesucristo, que es del linaje de David según la carne, que fue declarado Hijo de Dios con poder, según el Espíritu de santidad, por la resurrección de entre los muertos (Rom. 1:1–4).

En este pasaje, Pablo presenta a Jesucristo como una Persona tea trópica. Es decir, como Dios quien ha tomado naturaleza humana. El evangelio, las buenas nuevas de salvación, es acerca del Hijo de Dios (Persona divina) quien era del linaje de David según la carne (naturaleza humana).

Además, dice Pablo, que Jesús fue declarado Hijo de Dios con pudor. Debe notarse que, en cuanto a la carne, es decir, a Su naturaleza humana, Jesús «vino a ser» (genomenou) o «nació» de la simiente de David (ek spermatas Dauid). Así explica Pablo el origen de la humanidad de Jesús. Sin embargo, en lo que concierne a Su origen divino, Pablo dice que Jesús fue «declarado», «definido» o «designado» (horisthentos) Hijo de Dios Nótese:

·      Que Jesús no fue hecho Hijo de Dios a causa de la resurrección,

·      Sino que fue declarado Hijo de Dios.

Es decir que la resurrección de Cristo es una poderosa confirmación de Su carácter como Hijo de Dios. En resumen, el argumento del apóstol Pablo no es que Jesús se convirtió en «Hijo de Dios» al resucitar de entre los muertos, sino que la resurrección de Cristo es una verificación y una manifestación de Su deidad. La resurrección de Jesucristo es la confirmación de que Él es todo lo que dijo ser. Los teólogos de la escuela liberal, al rechazar de antemano el testimonio de las Escrituras, concluyen que Jesús nunca tuvo conciencia de que era el Hijo de Dios.14)

Según ellos, la iglesia primitiva engendró la tradición que aparece en las Escrituras del Nuevo Testamento. Dicen, además, que dicha tradición incorporó ciertas creencias de la mitología griega tal como la del theios aner u «hombre divino».15) De modo que, según estos teólogos, el título «Hijo de Dios» dado a Cristo en el Nuevo Testamento tiene raíces paganas y fue incorporado en el vocabulario de la iglesia con el fin de explicar a la sociedad de aquellos tiempos el mensaje tocante a Jesús.16)

Por supuesto que para llegar a esa conclusión los teólogos de la escuela liberal se ven obligados a despreciar el testimonio del Nuevo Testamento, particularmente el de los evangelios. Por ejemplo, Lucas 1:32 dice que Jesús sería «llamado Hijo del Altísimo»; en Lucas 2:49, Jesús, respondiendo a una pregunta de María dice: «¿No sabéis que yo debo estar en los asuntos de mi PadreComo se ha mencionado dos veces ya, el Padre celestial (Mt. 3:17; 17:5) se refiere a Cristo como «mi Hijo amado». Jesús se refiere a una relación íntima entre él y el Padre, cuando dice en Mateo 11:27: «Todas las cosas me fueron entregadas por mi Padre; y nadie conoce perfectamente al Hijo, sino el Padre, y ninguno conoce perfectamente al Padre, sino el Hijo y aquel a quien el Hijo resuelva revelarlo» (R. V. 1977). Un escritor católico ha captado bien el concepto nuevo testamentario de «Hijo de Dios» con referencia a Cristo:

·      Los evangelistas, escribiendo en el período posterior a la resurrección tenían en mente el concepto de Hijo divino en el sentido estricto. Que el título «Hijo de Dios» está abierto al significado de Hijo divino en el sentido trascendental se hace patente de la manera en que Jesús llama a Dios no «nuestro Padre» sino «mi Padre». El concepto de la singularidad del Hijo es calificado a través de la idea de la relación de obediencia al Padre.17)

Si se acepta el testimonio del Nuevo Testamento como una fiel expresión de la revelación de Dios y si se acepta que los evangelistas escribieron las palabras de Jesús tal como el Espíritu Santo les ayudaba a recordar (Jn. 14:26; 16:12–15), no puede soslayarse el hecho de que Jesús es «el Hijo de Dios» en una forma única y como tal es uno con el Padre en esencia, en atributos y en gloria.

 

II.  LA BIBLIA PRESENTA A CRISTO COMO EL HIJO DEL HOMBRE:

La expresión «el Hijo del Hombre» aparece unas 55 veces en los evangelios y una vez en Hechos 7:56. Con la excepción de Juan 12:34 y Hechos 7:56, sólo Jesús usa dicha frase, siempre con referencia a Sí mismo y en la tercera persona. Dicha frase ha sido considerada enigmática por muchos, tanto en su origen como en su significado y ha sido objeto de mucha investigación.18) Debido a que es una expresión rara en el idioma griego, muchos opinan, con razón, que la frase «el Hijo del Hombre» (ho houios tou anthropou) tiene sus raíces en la cultura semita.19)

Algunos entienden que la expresión «el Hijo del Hombre» fue usada por Jesús como una especie de circunlocución para referirse a su propia persona.20) Otros expertos, sin embargo, opinan que la mencionada frase es usada en los evangelios como un título equivalente a El Hombre con mayúscula, refiriéndose, por lo tanto, a la figura apocalíptica de Daniel 7:13.21)

En cuanto al origen, la expresión «el Hijo del Hombre» aparece en tres contextos de la literatura apocalíptica judaica: en el libro canónico de Daniel 7:13 y en literatura Pseudo epigráfica 4 Esdras 13; 1 Enoc 37–71. Además, aparece en el libro de Ezequiel como una referencia al profeta. Se ha observado, sin embargo, que las dos referencias en la literatura Pseudo epigráfica se encuentran en libros generalmente reconocidos como posteriores al tiempo del ministerio terrenal de Cristo.

De modo que no influyeron en forma alguna en el uso de la expresión «el Hijo del Hombre» en los evangelios. El uso de la frase en el libro de Ezequiel es distinto al que aparece en el Nuevo Testamento. En el libro de Ezequiel la expresión «hijo del hombre» apunta hacia la debilidad del profeta. Eso significa, por lo tanto, que el pasaje de Daniel 7:13 ofrece la mejor probabilidad de haber servido de trasfondo para el uso que Jesús hizo en los evangelios de la frase «el Hijo del Hombre».22)

Como es de esperarse, los teólogos de la escuela liberal no escatiman esfuerzo con tal de negar la autenticidad de la expresión «el Hijo del Hombre» y el significado de su uso. Para algunos, el uso de la mencionada expresión es totalmente obra de la iglesia primitiva, aunque admiten la posibilidad de que Jesús usase la frase en algunas de Sus enseñanzas.23) En años recientes, se ha sugerido que Jesús usó la frase «el Hijo del Hombre» como una referencia a otro personaje diferente de sí mismo que haría su aparición en un futuro y ante quien los hombres tendrían que dar cuenta en el día del juicio.24)

Según este punto de vista, fue la iglesia primitiva la que posteriormente interpretó lo dicho por Jesús, concluyendo que Jesús era ese personaje que aparecería en los postreros días.25) En fin, la crítica pretende, por un lado, negar que la expresión «el Hijo del Hombre» sea un título usado por Jesús para referirse a sí mismo como el personaje divino que aparece en Daniel 7:13. Por otro lado, insisten en que fue la iglesia primitiva la que inventó el uso de dicha frase como una interpretación posterior a las enseñanzas de Jesús.

Hay, sin embargo, varias objeciones al punto de vista de la crítica liberal:

 

·   Primeramente, si la expresión «el Hijo del Hombre» fue producto de la imaginación de la iglesia primitiva, ¿por qué es que sólo aparece en labios de Jesús en los evangelios? ¿Por qué es que dicha frase no aparece en las epístolas doctrinales? Si la mencionada frase fue inventada por la iglesia primitiva, lógicamente debió ser usada como una fórmula confesional y usada ampliamente a través de los libros del Nuevo Testamento. Lo cierto es, sin embargo, que con la excepción de Hechos 7:56; Apocalipsis 1:13 y 14:14 la expresión no se usa con referencia a Cristo en el resto del Nuevo Testamento. Lo cierto es, sin embargo, que con la excepción de Hechos 7:56; Apocalipsis 1:13 y 14:14 la expresión no se usa con referencia a Cristo en el resto del Nuevo Testamento.26)

·   En segundo lugar, no existe ninguna evidencia de que Cristo hubiese enseñado que otro personaje distinto de El vendría al final de los tiempos. Jesús habló de Su segunda venida (Jn. 14:3). Los ángeles que hablaron a los apóstoles en Hechos 1, específicamente dijeron «este mismo Jesús que ha sido tomado de entre vosotros al cielo, así vendrá como le habéis visto ir al cielo» (Hch. 1:11).

·       Finalmente, debe notarse que la crítica se esfuerza en pasar por alto la importancia del pasaje de Daniel 7 y sus implicaciones mesiánicas. El personaje de Daniel 7:13–14 que aparece junto al Anciano de días (figura del Padre); «viene con las nubes del cielo»; «le fue dado dominio, gloria y reino»; «será servido por todos los pueblos, naciones y lenguas»; «su dominio eterno, que nunca pasará, y su reino que no será destruido jamás». «El Hijo del Hombre» es presentado aquí como alguien que tiene una autoridad que sobrepasa la de cualquier ser humano, rey o emperador. De modo que debe de entenderse que una de las características que distingue al Hijo del Hombre es Su autoridad sobrenatural.


Los usos de la expresión «el Hijo del Hombre» en los evangelios sinópticos:

 

La expresión «el Hijo del Hombre» ha sido clasificada en tres categorías distintas, según aparece en los evangelios sinópticos:

1. Referencias relacionadas con las actividades del ministerio terrenal del Hijo del Hombre (Mr. 2:8, 28; Lc. 7:34; 9:58; 19:10).

2. Referencias tocante a los sufrimientos, muerte y resurrección del Hijo del Hombre (Mr. 8:31; 10:45; 14:21, 41).

3. Referencias relacionadas con la venida futura, la exaltación y los juicios del Hijo del Hombre (Mr. 8:38; 13:26; 14:62; Lc. 12:8–12, 35–40; 17:22–30, 18:8; Mt. 10:23; 19:28).27)

Aunque la referida clasificación no es del todo satisfactoria ya que no toma en consideración todos los usos y las aplicaciones de la frase ni toma en cuenta el hecho de que algunos de los usos pertenecen a más de una clasificación, puede decirse que facilita en gran manera el estudio de la cuestión. Esta triple división o clasificación fue sugerida primeramente por Rudolf Boltzmann, aunque él sólo reconocía como auténtica la tercera de las tres categorías.28)

Algo que muchos teólogos desafortunadamente pasan por alto es el hecho de que en la gran mayoría de las citas en las que Jesús usa la expresión «el Hijo del Hombre» hay un énfasis marcado tocante a Su autoridad en relación con algo que lo identifica como un personaje sobrenatural.

Por ejemplo, en Marcos 2, Jesús dice a un paralítico:

·      «Hijo, tus pecados te son perdonados» (2:5).

Los escribas que estaban presentes acusan a Jesús de blasfemia y dicen:

·      «¿Quién puede perdonar pecados sino sólo Dios (2:7).

A raíz de esa pregunta, Jesús hace la siguiente afirmación:

·      «Pues para que sepáis que el Hijo del Hombre tiene autoridad (exous) en la tierra para perdonar pecados…» (2:10).

La pregunta que se había suscitado giraba alrededor de la cuestión de si Jesús tenía la autoridad de ejercer una prerrogativa que sólo corresponde a Dios, es decir, la autoridad para perdonar pecados. Jesús usa el título de «el Hijo del Hombre» para afirmar que, como tal, él posee dicha autoridad.29)

Otro importante pasaje donde la autoridad de Jesús es cuestionada aparece en los tres evangelios sinópticos (Mt. 12:1–8; Mr. 2:23–28; Lc. 6:1–5). Los fariseos acusan a los discípulos de Jesús de transgredir la ley del sábado porque habían arrancado espigas para comer. En respuesta a los fariseos, el Señor apela primero al testimonio del Antiguo Testamento. David comió los panes de la proposición cuando tuvo hambre. Algo que sólo era lícito a los sacerdotes. Los sacerdotes que servían en el templo tenían que realizar sus funciones sacerdotales en el día de reposo, algo que requería trabajo. De modo que aún la ley permitía la ejecución de ciertas labores en el sábado que eran consideradas lícitas (Núm. 28:9, 10).

El reconocido expositor Richard Lenski ha hecho el siguiente comentario tocante al pasaje de Mateo 12:1–8: En el versículo 3 el argumento es del mayor (el pan santo) al menor (las espigas). En el versículo 5 el argumento es del menor (el Templo) al mayor (algo mayor que el Templo). Ambos son del mismo modo incontestables. En el versículo 6 además, la completa autoridad divina de Jesús confronta a los engreídos fariseos. Aquel que es mayor que el Tabernáculo y el Templo está aquí, el único que tiene autoridad para juzgar lo que constituye una violación del sábado que es servido por el Tabernáculo y el Templo.30) Jesús impugna la actitud de los fariseos, usando un versículo del Antiguo Testamento (Os. 6:6) en el que Dios llama a Israel a abandonar la apostasía y a reconocer la soberanía de Jehová.

Los fariseos habían corrompido la ley, incluyendo el significado del sábado. Jesús, como «el Hijo del Hombre», es Señor = (Kyrios) del sábado. El vino no a abrogar sino a cumplir la ley (Mt. 5:17). Como Señor del sábado, Jesús cumple la ley y demanda que otros la cumplan. Los fariseos cuestionaban la autoridad de Jesús.

Ayuda Hermenéutica:

 

G2962 κύριος = kúrios: de κῦρος = kúros (supremacía); supremo en autoridad, i.e. (como sustantivo) controlador; por implicación señor (como título de respeto): - Señor, soberano, ungido, hacer, amo, Cristo, Dios, dueño. (Strong).

El Señor les responde, diciéndoles que Él es mayor que el Templo y mayor que el Sábado, porque es «el Hijo del Hombre». Los fariseos acusaban a los discípulos de quebrantar el sábado. Jesús les responde, diciendo:

·      ¿Quién mejor que el Hijo del Hombre, el Señor del sábado, puede juzgar si los discípulos han violado o no la ley del sábado?

Una vez más debe notarse que Jesús habla de una autoridad que está por encima de la que un simple hombre podría ejercer.

Un aspecto de capital importancia relacionado con la expresión «el Hijo del Hombre» se relaciona con la humanidad de nuestro Señor. Fue como hombre que Cristo nació, vivió en esta tierra, murió, resucitó y fue exaltado a la diestra de Dios. No debe olvidarse en ningún momento que Jesús es verdadero hombre sin pecado. Ahora bien, debe observarse que Jesús es «el Hijo del Hombre» (ho huios tou anthropou).

La repetición del artículo definido en el texto griego enfatiza la identidad del Señor. La referencia no es a «un hijo de hombre», es decir, a un ser humano cualquiera, sino a un ser particular quien es al mismo tiempo «el Hijo del Hombre» y «el Hijo del Dios viviente» (Mt. 16:13, 16).

El Mesías, como hijo de David, es miembro de la raza humana (Lc. 1:31–33) y, como tal, es también «el Hijo del Hombre». Como miembro de la raza humana, el Mesías es contemplado en:

·         Su humillación, y

·         Sus sufrimientos.

Es en esa luz que Jesús habló de sí mismo, diciendo:


Ø «Las zorras tienen guaridas, y las aves del cielo nidos; pero el Hijo del Hombre no tiene dónde reclinar su cabeza» (Mt. 8:20).

Fue desde esa misma perspectiva que Jesús enseñó a Sus discípulos que «el Hijo del Hombre» sería entregado a hombres inicuos, sería condenado a muerte, pero resucitaría al tercer día (Mr. 9:31). El testimonio insoslayable de los evangelios, por lo tanto, es que Jesús está consciente de que El, como «el Hijo del Hombre», es decir, como el representante perfecto de la raza humana, quien es hombre, pero más que hombre es el Verbo encarnado, ha de morir por el pecado del mundo. Jesús profetizó Su muerte y Su resurrección (Mt. 17:22–23).

Si se acepta el testimonio de los evangelios sin los prejuicios lucubrados por la crítica moderna, podría entenderse sin mayor dificultad que los sufrimientos del Hijo del Hombre constituyen una verdad profetizada a través de las Escrituras. Jesús mismo enseñó a Sus discípulos después de Su resurrección que lo que le había ocurrido no era algo fortuito, sino que había sido predicho en la Ley y en todos los profetas (Lc. 24:27).

Era necesario que se cumpliese todo lo que está escrito tocante al Mesías (quien a su vez es «el Hijo del Hombre» y el «Hijo del Dios viviente») en la Ley, los profetas y los Salmos. La perfecta concordancia entre las Escrituras del Antiguo Testamento (véanse Is. 40–55; Salm. 22; Dn. 9:26) y las del Nuevo Testamento referente a los sufrimientos, muerte y resurrección «del Hijo del Hombre» debe de servir, si no de prueba final, por lo menos de un firme apoyo con miras a descubrir el origen y la naturaleza de Su persona.

Por último, es necesario considerar también la coyuntura escatológica de la expresión «el Hijo del Hombre». No es posible en un espacio breve dar la atención debida a todos los pasajes relacionados con esta cuestión. Sólo se mencionarán los más pertinentes, esperando que el lector interesado en el tema investigue más profundamente esta importante área de la cristología.

Los teólogos liberales insisten en que todos los usos de la frase «el Hijo del Hombre» proceden de una época posterior al ministerio terrenal de Cristo. Según ellos, fue la iglesia primitiva quien dio origen a la mencionada frase como usa interpretación de la esperanza de una futura segunda venida de Cristo.31) El punto medular de la discusión es el hecho de que los teólogos liberales rehúsan reconocer que Jesús interpretó muchos pasajes del Antiguo Testamento. Una lectura, por superficial que sea, de los evangelios revela que Jesús constantemente apela al Antiguo Testamento, algunas veces para refutar las falsas enseñanzas de los religiosos de su tiempo, otras para explicar alguna verdad tocante a Su persona. Surge la pregunta, entonces:

·      ¿Por qué razón no pudo Jesús haber interpretado el pasaje de Daniel 7:13ss?

·   ¿Por qué decir que tuvo que ser la iglesia primitiva y no el mismo Jesús quien hizo referencia a la venida en gloria del Hijo del Hombre?

La crítica pasa por alto el hecho de que, además de Daniel 7, hay otros muchos pasajes del Antiguo Testamento que claramente enseñan la venida del ReyMesías (el Hijo del Hombre) con poder, gloria y majestad real en el mismo sentido como aparece en Daniel 7:13–14. He aquí algunos ejemplos:

·    «He aquí que reinará un rey con rectitud, y los magistrados gobernarán con justicia. Y será aquel varón [Whaihish] como un escondedero contra el viento, y como un refugio contra el turbión; como arroyos de agua en tierra de sequedad, como sombra de gran peñasco en tierra calurosa (Is. 32:1–2)».

·    «Tus ojos verán al Rey en su hermosura; verán una tierra dilatada… Porque Jehová es nuestro juez, Jehová es nuestro legislador, Jehová es nuestro Rey; él mismo nos salvará» (Is. 33:17–22).

Las Escrituras del Antiguo Testamento anuncian la venida de Uno que será «el retoño del tronco de Isaí», «Rey sobre toda la tierra», cuyo nombre se llamará «Admirable, Consejero, Dios fuerte, Padre de la eternidad, Príncipe de paz. Lo dilatado de su imperio y la paz no tendrán límite, sobre el trono de David y sobre su reino, para restaurarlo y consolidarlo en juicio y en justicia desde ahora y para siempre» (Is. 9:6–7; Is. 40:9–10; comp. Lc. 1:30–33).

Esos pasajes del Antiguo Testamento concuerdan con las palabras de Cristo en el Nuevo Testamento. El Señor menciona la venida del Hijo del Hombre en la gloria de Su Padre con los santos ángeles (Mr. 8:38). En Mateo 16:27 a 17:13, Jesús anticipó a tres de Sus discípulos algo tocante a la venida en gloria del Hijo del Hombre.

El Señor llevó a Pedro, Jacobo y Juan al Monte de la Transfiguración y allí les mostró lo que ocurrirá cuando Daniel 7:13–14 tenga su cumplimiento completo (véase también Mt. 19:28). De igual modo, en Mateo 24, Jesús se refiere a Su segunda venida (24:3) como la venida en gloria del Hijo del Hombre. En Mateo 24:30, dice:

·   «Entonces aparecerá la señal del Hijo del Hombre en el cielo; y entonces harán duelo todas las tribus de la tierra, y verán al Hijo del Hombre viniendo sobre las nubes del cielo, con poder y gran gloria».

En otra referencia tocante al mismo tema dice:

·    «Cuando el Hijo del Hombre venga en su gloria, y todos los santos ángeles con él, entonces se sentará en el trono de su gloria» (Mt. 24:31). En el mismo contexto se le llama «Rey» al Hijo del Hombre (véase Mt. 24:34, 40).

En resumen, la expresión, «el Hijo del Hombre» es un título cristológico que identifica al Mesías con la humanidad como el Hombre perfecto. El Mesías, como el Hijo del Hombre, nace, convive con los hombres, sufre, muere y resucita. El Hijo del Hombre, además, es el Hijo del Dios viviente, el que viene a reinar como Rey de reyes y Señor de señores. «El Hijo del Hombre es una figura de autoridad en la tierra y un día aparecerá revestido de poder celestial cuando participe en el juicio final».32) Debe subrayarse, sin embargo, que «el Hijo del Hombre» no es un simple hombre sino la Segunda Persona de la Trinidad.

El Verbo hecho carne, quien aún en Su humillación tenía autoridad para perdonar pecados (Mr. 2:10). El Hijo del Hombre fue exaltado a la diestra de la Majestad en las alturas y de allá vendrá con poder y gran gloria. Las palabras de Cristo a Natanael describen la gloria del Hijo del Hombre: «… De cierto, de cierto os digo: «De aquí en adelante veréis el cielo abierto, y a los ángeles de Dios que suben y descienden sobre el Hijo del Hombre» (Jn. 1:51).

Véase Parte II:




 

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