NO ES LA SUERTE, SINO CRISTO: (Colosenses 1:15-20)
NO ES LA SUERTE, SINO CRISTO:
(Colosenses
1:15-20)
“Él es la imagen del Dios invisible, el primogénito de toda creación… Porque en él fueron creadas todas las cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la tierra, visibles e invisibles; sean tronos, sean dominios, sean principados, sean potestades; todo fue creado por medio de él y para él”. (vv. 15-16)
Pastor:
Carlos Ramírez Jiménez:
La iglesia en Colosas tenía varias ideas erróneas acerca de
Cristo, que Pablo directamente refuta:
(1) Creían que la materia es mala, por lo tanto, decían que
Dios no pudo haber venido a la tierra como un ser humano verdadero. Pablo manifiesta que Cristo es la imagen exacta de Dios,
es Dios mismo, y aun así murió en la cruz como un ser humano.
(2) Creían que Dios no había creado el mundo, porque El no
pudo haber creado lo malo. Pablo
contesta que Jesucristo, que también era Dios en la carne, es el Creador tanto
del cielo como de la tierna.
(3) Decían que Cristo no fue el único Hijo de Dios, sino uno
de los muchos intermediarios entre Dios y el pueblo. Pablo explica que Cristo existió antes de cualquier cosa
y es el primogénito de los que resucitaron.
(4) Rechazaban ver en Cristo la fuente de salvación,
insistiendo en que la gente podía hallar a Dios por medio del conocimiento
secreto y especial. En contraste, Pablo
afirma con sinceridad que una persona puede ser salva solo por medio de Cristo.
Pablo continúa dándoles los argumentos para que vuelvan a Cristo.
Cuando anunciamos el evangelio, también debemos mantener nuestra centralidad en Cristo.
1.
La Redención: v. 15:
Los
que han experimentado en sí mismos “la redención”
(v. 14), ya conocen a Cristo en el carácter glorioso aquí descrito, como
superior a los ángeles más encumbrados a quienes enseñaban los maestros falsos
(cap. 2:18) que había de tributarse culto. Pablo
describe a Cristo:
(1)
En su relación a Dios y la creación (vv.
15-17);
(2)
En relación a la iglesia (vv. 18-20).
Así
como en aquella relación se considera a Cristo como el Creador (vv. 15, 16) y
el Sustentador (v. 17) del mundo natural; así en ésta, como el origen y el
apoyo de la nueva creación moral.
imagen—semejanza exacta y
representante perfecto. Adán fue hecho “en la imagen de Dios” (Gn. 1:27). Mas Cristo, el
segundo Adán, reflejaba perfecta y visiblemente “al
Dios invisible” (1 Tim. 1:17), cuya gloria representó sólo en parte
el primer Adán.
“Imager” (eikσn) incluye “semejanza” (homoiosis);
más “semejanza” no incluye “imagen” “Imagen” siempre supone un prototipo, al cual no meramente se
parece, sino del cual es tomada:
· El
duplicado exacto, como el reflejo del sol en el agua;
· El
niño, la imagen viva del padre.
“Semejanza” da a entender el mero parecido; no el
duplicado exacto y derivación como expresa la “imagen”,
véase 1 Cor. 11:7. (Jn. 1:18; 14:9; 2 Cor. 4:4; 1 Tim. 3:16; Heb. 1:3). Aun
antes de su encarnación Cristo era la imagen del Dios invisible como el Verbo
(Jn. 1:1-3) por quien Dios creó los mundos y por medio de quien Dios apareció a
los patriarcas.
De modo que su carácter esencial como siempre “la imagen de Dios”.
1)
Antes de su encarnación,
2)
En los días de su carne, y
3)
ahora en
su estado glorificado, es, creo, considerado aquí por el verbo “es”.
el primogénito de toda criatura—Griego “el primogénito de toda la creación”. Dice el Credo Niceno: “engendrado del Padre antes de todos los mundos”. Se da a entender prioridad y dignidad superlativas (Salm. 98:27): Nuestra versión podría parecer favorecer el arrianismo, como si Cristo fuese una criatura. Tradúzcase, pues: “Engendrado (lit. “nacido”) antes de toda la creación”, según el contexto, que da el motivo por el cual él es caracterizado así: “Porque por él fueron criadas”, etc. (vv. 16, 17). Esta expresión es entendida por Orígenes (tan lejos está el griego de favorecer las opiniones socinianas o arrianas) como que declara la divinidad de Cristo, y es usada por él como una frase para señalar la divinidad en contraste con su humanidad.
Ayuda Hermenéutica:
G629 ἀπολύτρωσις
= apolútrosis: de un compuesto de G575
y G3083; (el acto) redención en pleno, i.e. (figurativamente)
librarse, o (específicamente) cristiana salvación: - redención, remisión, rescate. (Strong).
2. Porque:
v. 16:
Porque—Esto
da la prueba de que él no está incluido en las cosas criadas, mas es el “primogénito” antes de “toda
creación” (v. 15), engendrado como el “Hijo
del amor de Dios” (v. 13), anteriormente a todas las demás
emanaciones, “porque” todas estas otras
emanaciones vinieron de parte de él, y todo lo que fue creado, fue creado por
él. por él—más bien como el griego “en él”,
como el elemento condicional preexistente y que lo incluye todo.
La
creación de todas las cosas POR él es
expresada más tarde y es un hecho diferente de éste, aunque entendido en éste. Dios se reveló en el Hijo, el Verbo del Padre, antes de toda existencia
criada (v. 15). Aquel Verbo Divino lleva EN sí el arquetipo, o modelo, de todas las
existencias, de modo que “EN él todas las cosas
en los cielos y en la tierra fueron criadas”. El “en él” indica que la Palabra es la base ideal
de toda existencia; el “por él”, más
adelante, que Cristo es el instrumento que realmente lleva a efecto la idea
divina.
Su
naturaleza esencial como el Verbo del Padre no es una mera dependencia de su encarnación,
sino la misma base de ella. La relación original del Verbo Eterno con los
hombres “hechos en su imagen” (en. 1:27),
es la fuente de la nueva revelación a ellos por la redención, formada en su
encarnación, por la cual él les restaura a ellos la imagen de él que se había
perdido. “En él” da a entender algo
anterior a “por” y “para él” inmediatamente después; las tres
preposiciones señalan en sucesión el principio, el progreso y el fin.
todas las cosas—“El universo
de las cosas”.
Que la nueva creación no está indicada en este versículo (como interpretan los socinianos), es claro;
porque los ángeles, que se incluyen en el catálogo, no eran criados nuevos por
Cristo; y Pablo no habla de la nueva creación hasta el v. 18. La creación “de las cosas que están en los cielos” (así el griego)
incluye la creación de los cielos mismos; “las
cosas” anteriores son más bien nombradas, pues los habitantes son
más nobles que sus moradas.
Los
cielos y la tierra y todas las cosas que están en ellos (1 Cron. 29:11; Neh. 9:6;
Ap. 10:6). invisibles—el mundo de los espíritus.
tronos … dominios—señoríos; los tronos son los más grandes. principados …
potestades—más bien, “gobiernos, o
autoridades”; ésos son más fuertes que éstas (véase Nota Ef. 1:21).
Estas dos palabras se refieren a puestos respecto de las criaturas de Dios; “tronos y dominios” expresan una relación más
elevada para con Dios, siendo carrozas sobre las cuales anda Dios ostentando su
gloria (Salm. 68:17). Por este pasaje se establece la existencia de varios
órdenes de ángeles.
todo—griego, “todas las cosas”. por decir todo el universo.
NOTA: Efesios 1:21:
Sobre todo,
principado,
etc.—Griego, “Mucho más alto que todo (cap.
4:10) principado (o gobierno, 1 Cor. 15:24), y autoridad y poder (Mt. 28:18) y
señorío”. Comp. Filp. 2:9; Col. 1:16; Heb. 7:26; 1 P. 3:22. Los
espíritus malos (que igualmente están divididos en varios rangos, cap. 6:12),
así como también los ángeles de luz, y los potentados terrenales, están incluidos
(véase Rom. 8:38). Jesús es “Rey de reyes y
Señor de señores” (Ap. 19:16). Cuanto más alto el honor de él, tanto
mayor es el de su pueblo, quienes son sus miembros unidos a él, quien es la
Cabeza. Algunos maestros filosóficos de la escuela de Simón el Mago, en Asia
Menor Occidental, habían enseñado a sus oyentes, según Ireneo y Epifanio, estos
nombres de los diferentes grados de ángeles.
Pablo nos enseña que la sabiduría
más verdadera es la de conocer a Cristo como el que reina sobre todos ellos. y
todo nombre que se nombra—todo ser cualquiera.
“Toda otra criatura” (Rom. 8:39).
no sólo en este siglo—el
orden de cosas actual. “Lo presente …
lo por venir” (Rom. 8:38).
más aun en el venidero—“Nombres que ahora no conocemos, más conoceremos después en el cielo. Sabemos que el emperador va delante de todos, aunque no podemos enumerar todos los sátrapas y ministros de su corte; así también sabemos que Cristo está sentado encima de todos, aunque no podemos nombrarlos a todos”.
fue criado—mejor, para distinguir el tiempo aoristo
griego que aparece en la cláusula anterior, del tiempo perfecto aquí.
tradúzcase, “han sido criadas”, que
en el griego quiere decir, que “fueron criadas,
y todavía subsisten como criadas”. Pues en la cláusula anterior la
creación fue vista como un acto pasado en un punto de tiempo, y hecha una vez
para siempre; pero aquí se ve, no simplemente como un acto histórico de
creación en el tiempo pasado, sino como el resultado permanente ahora y
existente eternamente. por él—como el agente
instrumental (Jn. 1:3).
para él—como el gran Fin de la creación, conteniendo en sí
mismo la razón por qué hay una creación y por qué es como es. Él es la causa
final como también la causa eficiente. La puntuación de Lachmann de vv. 15-18
es la mejor, por la cual “el primogénito de toda
la creación” (v. 15) corresponde con “el
primogénito de entre los muertos” (v. 18), formando el conjunto una
oración, con las palabras “Todas las cosas por
él fueron criadas y para él, y él es antes de todas las cosas, y por él todas
las cosas subsisten, y él es la cabeza del cuerpo, la iglesia” como
un paréntesis.
Así
pone Pablo primero el origen de la creación natural por él, y, en segundo
lugar, el de la nueva creación. El paréntesis se
divide en cuatro cláusulas, dos y dos:
· Las
dos primeras apoyan la primera afirmación, “el
primogénito de toda la creación”, y
· Las
dos segundas nos preparan para la afirmación de que él “es
el primogénito de entre los muertos”; las dos primeras
corresponden con las dos últimas en su forma:
· “Todas
las cosas por él … y él es” y
· “Por él todas las cosas … y él es”.
3.
“Y él
mismo…”: v. 17:
(Jn.
8:58). Tradúzcase como el griego: “Y él mismo (EL grande)
es (entendiéndose su ser esencialmente divino)
antes de todas las cosas” en el tiempo
como también en dignidad. Ya que él es antes de todas las cosas, es también aun
antes del tiempo, es decir, desde la eternidad.
por él—griego, “en él”,
(como el elemento condicional de la existencia,
v. 16).
subsisten—No sólo fueron llamadas a la existencia
desde la nada, sino que son mantenidas en su estado presente. El Hijo de Dios es
el conservador, como también el creador de todas las cosas. Bengel explica con menos probabilidad:
· “Todas
las cosas en él se juntaron en un sistema: el universo halló su perfección en
él” (Is.
41:4; Ap. 22:13).
Véase en cuanto a Dios. Rom. 11:36, lenguaje similar; por lo tanto, Cristo tiene que ser Dios.
4. La
Revelación: v. 18:
La
revelación de Cristo a la Iglesia y la nueva creación, como el originador de
ambas.
él—Enfático, él mismo.
No los ángeles en oposición a la doctrina de
los maestros falsos acerca del culto
a los ángeles, y el poder de eones o
emanaciones espirituales (imaginarias) de
parte de Dios (cap. 2:10, 18).
cabeza del cuerpo … la iglesia—La iglesia es su
cuerpo por virtud de que él ha entrado corporalmente en comunión con la
naturaleza humana [Neander] (Ef. 1:22). El mismo Ser quien es la Cabeza de
todas las cosas y seres por medio de la creación, es también la cabeza de la
iglesia en virtud de ser “el primogénito de
entre los muertos” y “las primicias”
de la nueva creación entre los hombres. el que es—es
decir, porque él es el principio.
Más bien, esto es el principio de un párrafo nuevo. Así como el
párrafo anterior, que trató de su originación de la creación física, empezó con
“Quién es” (v. 15), así éste, que
trata de su originación de la nueva creación, empieza con “Quien es” antecediendo un paréntesis que
cierra el párrafo anterior, incluyendo dicho párrafo (véase Nota, v. 16) desde “todas las cosas fueron criadas por él”, hasta “Cabeza del cuerpo, la iglesia”. La cabeza de
reyes y sumos sacerdotes era ungida, como el asiento de las facultades, fuente
de la dignidad y original de todos los miembros (según
la etimología hebrea). Así Jesús por su unción fue designado como
Cabeza del cuerpo, la iglesia.
el principio—es decir, de la nueva creación, como
también de la vieja (Prov. 8:22; Jn. 1:1; véase Ap. 1:8); el principio de la
iglesia de los primogénitos (Heb. 12:23) como siendo él mismo el “primogénito de entre los muertos” (Hech. 26:23;
1 Cor. 15:20, 23). Es triple la primogenitura de
Cristo:
1)
Desde la eternidad el “primogénito” del Padre
(v. 15);
2)
Como el primogénito de su madre (Mt. 1:25);
3) Como la cabeza
de la iglesia,
místicamente engendrado del Padre, como si fuera a una vida nueva, el día de su
resurrección, que es su “regeneración”,
como también la futura resurrección de su pueblo será su “regeneración” (es
decir, la resurrección que fue empezada en el alma,
extendida al cuerpo y a toda la creación, Rom. 8:21-22) (Mt. 19:28; Hech.
13:33; Ap. 1:5).
La
filiación y la resurrección son relacionadas de la misma manera, Lc. 20:36; Rom.
1:4; 8:23; 1 Jn. 3:2. Cristo por resucitar de entre los muertos es la causa
eficiente (1 Cor. 15:22), como habiendo obtenido el poder, y la causa ejemplar,
por ser el modelo (Miq. 2:13; Rom. 6:5; Filp. 3:21) de nuestra resurrección,
pues la resurrección de “la Cabeza”
consecuentemente incluye la de los miembros. para que en todo—“todas las cosas”, que el escritor resume en v.
20.
tenga el primado—Griego, “EL MISMO venga a ser el que tenga el primer lugar”, o “tenga la precedencia”. Están incluidas ambas ideas, la prioridad en el tiempo, y la prioridad en la dignidad: ahora en el mundo regenerado, como antes en el mundo de la creación (v. 15). “Engendrado antes de toda criatura”, o “primogénito de toda criatura”, o toda la creación (Salm. 89:27; Jn. 3:13).
5. Agrado:
v. 19:
agradó—en el original se sobreentiende “a Dios” en él—en
el Hijo (Mt. 3:17). toda plenitud—más bien como el griego, “toda la plenitud”, es decir, de Dios, todo lo
que hay de excelencia divina en Dios el Padre (cap. 2:9; Ef. 3:19; véase Jn. 1:16;
3:34). Los gnósticos usaban la palabra “plenitud”
por el conjunto de emanaciones, o poderes angélicos, que provienen de Dios. El
Espíritu, presciente mente, advierte a la iglesia por medio de Pablo que la
verdadera “plenitud” mora en Cristo
solo. Esto da el motivo por qué Cristo toma la precedencia sobre toda criatura
(v. 15). Por dos motivos Cristo es el Señor de
la iglesia:
1) Porque la
plenitud de los atributos divinos (v. 19) mora
en él y por esto tiene él el poder para gobernar el universo;
2) Porque (v.
20) lo que él ha hecho por la iglesia, le da el
derecho de presidirla, habitase—como en un
templo (Jn. 2:21).
Esta
permanencia de la divinidad en Cristo es el fundamento de la reconciliación por
él. De ahí el “y” (v. 20) une como causa y efecto las dos cosas:
·
La divinidad en Cristo y
· La reconciliación por Cristo.
6. Reconciliados Por ÉL: V. 20:
Ayuda Hermenéutica:
G604 ἀποκαταλλάσσω
= apokatalásso: de G575 y
G2644; reconciliar totalmente: - perecer,
reconciliar. (Strong).
apokatalasso = (ἀποκαταλλάσσω, G604),
reconciliar completamente (apo
= de, desde, y Nº 1), forma más
intensa del Nº 1, cambiar de una condición a otra, de modo que se elimine toda
enemistad y no quede impedimento alguno a la unidad y la paz. Se utiliza en Ef.
2:16, de la reconciliación de los creyentes procedentes del judaísmo y de la
gentilidad «mediante la cruz … con Dios a ambos
en un solo cuerpo».
En Col. 1:21 no se
tiene a la vista la unión de judío y gentil, sino el cambio obrado en el
creyente individual llevándolo desde la alienación y enemistad, debido a malas
obras, a la reconciliación con Dios; en el v. 20 se utiliza el término del
propósito divino de mediante Cristo «reconciliar
consigo todas las cosas, así las que están en la tierra como las que están en
los cielos», siendo la base del cambio la paz hecha «mediante la sangre de su cruz». Es el
propósito divino, en base de la obra de Cristo consumada en la cruz, llevar a
todo el universo, con la excepción de los ángeles rebeldes y de los hombres
incrédulos, a una plena armonía con la mente de Dios (Ef. 1:10). «Los que están … debajo de la tierra» (Filp. 2:10),
quedan sometidos, no reconciliados. (VINE).
El
orden del original griego se conserva bien en nuestra versión castellana, “Y por él (Cristo)
reconciliar (completamente]
(véase Nota, Ef. 2:16) todas las cosas (todo el universo de las cosas) a sí (a Dios el Padre,
2 Cor. 5:19) pacificando (pacificando Dios el Padre) por la sangre de su (de Cristo)
cruz”, es decir, por la sangre derramada
por Cristo en la cruz: el precio y la garantía de nuestra reconciliación con
Dios.
La
frase bíblica, “Dios reconcilia al hombre
consigo”, da a entender que Dios quita por la sangre de Jesús
la barrera que interpone la justicia de Dios a la unión del hombre con
Dios (véase Nota, Rom. 5:10; 2 Cor. 5:18).
Así
la versión de los Setenta de 1 Sam. 29:4, “¿Con
qué se reconciliaría a su señor?” es decir, reconciliar a su señor a sí aplacando su ira.
Así Mt. 5:23-24.
por él—“por medio de
él” (el agente instrumental en la nueva
creación, como en la creación original):
· Repetido
enfáticamente para traer la persona de Cristo a una posición de eminencia,
· Como
la Cabeza igualmente de las dos creaciones.
lo que está en la tierra como lo que está en los cielos—
Ø Los
ángeles buenos, en un sentido, no necesitan la reconciliación con Dios; y
Ø Los
ángeles caídos están excluidos de ella (Jud. 1:6).
Pero
probablemente la redención tiene efectos en el mundo de los espíritus, los
cuales no conocemos. Por supuesto, su acto de reconciliarnos a nosotros y
reconciliarlos a ellos, tiene que ser por un proceso diferente, puesto que no
tomó sobre sí la naturaleza de los ángeles como para ofrecer una propiciación
por ellos. Pero el efecto de la redención en ellos, como él es la Cabeza de
ellos y también la nuestra, es que por ella ellos son traídos más cerca de Dios
y así alcanzan un aumento de bienaventuranza, y vistas más amplias del amor y sabiduría de Dios (Ef.
3:10).
Toda la creación subsiste en Cristo y por esto, toda la creación
es afectada por su propiciación:
· La
creación pecaminosa es estrictamente “reconciliada” de
su enemistad;
· La
creación impecable, relativamente distante de la pureza inacercable de Dios
(Job 4:18; 15:15; 25:5), es elevada a una participación más íntima con él, y en
este sentido más amplio es reconciliada.
Sin
duda, también, la caída del hombre, después de la caída
de Satanás, es una sección de un círculo mayor de mal, de modo que
el remedio de la primera caída afecta la posición de los ángeles, de entre los
cuales cayeron Satanás y sus huestes.
Habiendo
los ángeles vistos en esto la magnitud del pecado, el infinito costo de la
redención, la exclusión de los ángeles caídos de ella, y la incapacidad de toda
criatura de establecerse en su propio poder, ahora son puestos fuera de la
posibilidad de caer. Entonces queda en pie la definición que formuló Bacon, de la Jefatura de Cristo:
“La Cabeza de la redención para el hombre; la Cabeza de la
preservación para los ángeles”.
Algunos
suponen que Satanás, antes de su caída, gobernaba esta tierra y el reino animal
preadámico; de ahí su maldad contra el hombre, quien sucedió al señorío de esta
tierra y sus animales, y de ahí, también, el que asumiera Satanás la forma de
serpiente, la más astuta de la tribu de animales. Lc. 19:38 dice expresamente “paz en el cielo” así como el resultado de la
redención terminada, así la “paz en la tierra”
fue el resultado de su comienzo en el nacimiento de Jesús (Lc. 2:14).
Bengel
explica la redención en que no fue sólo la reconciliación de Dios, sino también
de los ángeles, apartados de los hombres a causa de la enemistad de los hombres
contra Dios. Ef. 1:10 está de acuerdo con esto:
Esto
es verdad, más sólo parte de la verdad: así también lo es la opinión de Alford,
más sólo parte de la verdad. La reconciliación verdadera, o la restauración de
paz en los cielos, lo mismo que en la tierra, es expresada por Pablo. Mientras
aquella sangre de la reconciliación
no fuese realmente derramada, lo que se opone (Zc. 3:8-9) a las acusaciones de
Satanás, sino sólo prometida, Satanás podría alegar
su derecho contra los hombres delante de Dios día y noche (Job 1:6; Ap.
12:10); de ahí resulta que él, Satanás, estaba en el cielo mientras no se
levantaba el entredicho contra el hombre (véase Lc. 10:18).
De
modo que el mundo de la tierra y del cielo debe a Cristo solo la restauración
de la armonía después del conflicto y el sometimiento de todas las cosas bajo
una sola Cabeza (véase Heb. 11:23). El pecado introdujo desacuerdo no sólo en
la tierra, sino también en los cielos, por la caída de los demonios; trajo a
las moradas de los santos ángeles una pérdida, no positiva sino privativa, una
retardación de su desarrollo más alto y perfecto, de gradación armoniosa y
consumación perfecta.
Los ángeles por
sí solos no eran más capaces que los hombres de vencer a los perturbadores de
la paz y de echar a los demonios; es sólo “por medio de EL” y “la sangre de su cruz”, que fue restaurada la paz en el
cielo; es sólo después de que Cristo haya alcanzado plena y legalmente la
victoria que Miguel (Ap. 12:7-10) y sus ángeles pueden arrojar del cielo a
Satanás y sus demonios (cap. 2:15).
Entonces
el punto del argumento de Pablo contra el culto
a los ángeles es:
·
Que los ángeles mismos,
·
Así como los hombres.
Ø Dependen
de Cristo.
El único objeto verdadero de culto.
Concluye:
Las
ruinosas consecuencias del pecado
han sido universales y perversas, alejando todo lo creado de Dios y de sí mismo
(Rom. 8:20-23). La muerte de
Cristo restauró la armonía que una vez existió entre Dios y
su creación.
Repetido enfáticamente para traer la persona de Cristo a una
posición de eminencia,
Como la Cabeza igualmente de las dos creaciones.
____________
Nota
y Bibliografía:
-
e-Sword-the. LEDD. Mundo Hispano.
-
Biblia de Estudio RYRIE.
- Pastor: Carlos Ramírez Jiménez. 26//2//2026. MISIÓN BAUTISTA: “Emanuel”.
Ciudadela de Noé. Los Cardos Mz.E -
Lt.18. III Etapa. Cerca del Hospital Regional II. Cel. 937-608382-Tumbes.
charlyibsh@hotmail.com
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