El Juicio Ineludible y Lo Que Viene Después: (Amós 9:1-15)
El Juicio Ineludible y Lo Que Viene Después:
(Amós 9:1-15)
“Vi al Señor que estaba sobre el altar, y dijo: Derriba el capitel, y estremézcanse las puertas, y hazlos pedazos sobre la cabeza de todos; y al postrero de ellos mataré a espada; no habrá de ellos quien huya, ni quien escape… Aunque cavasen hasta el Seol, de allá los tomará mi mano; y aunque subieren hasta el cielo, de allá los haré descender”. (vv. 1-2).
Pastor:
Carlos Ramírez Jiménez:
Quinta visión de Amós: Al Señor que estaba sobre el altar. Se
ordena la destrucción del pueblo; nadie escapará.
1. No Hay Escape De La Ira De Dios.
Amós 9:1-4.
La
quinta y última visión tiene una relación estrecha con la visión que comienza
con 7:7. En ambos se ve al Señor mientras observa a su pueblo y descubre que
les falta sinceridad y honradez. Tomó la decisión de destruir la casa de
refugio tradicional para el pueblo de Dios.
·
Probablemente el mandamiento es a las
huestes de ángeles;
· Lo
que tenían que hacer era quitar la cabeza de las columnas del templo de Betel
para que cayese el techo sobre la gente dejándola sepultada bajo los escombros.
Sería exactamente como lo que pasó cuando Sansón derribó el templo de los filisteos, con lo que causó su propia muerte y la de muchos enemigos de Israel (Juc. 16:23-31).
Probablemente la gente se había congregado para celebrar una fiesta de la cosecha. Los cultivos habían producido abundantemente. Tenían trigo, cebada, aceite de olivo y vino para suplir sus necesidades por muchos meses. Entonces algo horrible les pasa; Dios manda a sus ángeles a destruir el templo donde se han congregado. Destruye el mismo altar donde han colocado las primeras frutas de su cosecha. Ni los cuernos del altar sirven como lugar de protección. Dios va a llegar a Betel no para recibir sus ofrendas sino para aplicar el castigo que merece su pueblo.
Amós
describe el juicio como un terremoto* como nunca han visto antes.
·
No habrá ningún sitio de refugio de este
desastre;
· Nadie puede escapar de la mano de Dios.
Ayuda Hermenéutica:
*H7494 רַעַשׁ = ráash: de H7493; vibración, rugido, clamor: - alboroto, estruendo, fragor, ímpetu, temblor, terremoto. (Amos 1:1, añadido) (Strong)
Es
imposible saber si Amós habría leído el Salm. 139:7-12 antes de proclamar este
mensaje.
Lo que sí es evidente es que tal como Isaías veinte años más tarde tuvo una visión de Dios (Is. 6), Amós ha visto al Señor no “sentado sobre un trono alto y sublime”, sino de pie sobre el altar en juicio sobre el pueblo.
En
esta visión Amós comprendió que no hay lugar en la tierra, los cielos o el mar
a donde uno pueda ir para escapar de la presencia de Dios. El monte Carmelo
asciende a unos 900 m sobre el nivel de mar y está lleno de cuevas, más de 2,000
según los judíos. Aún hasta el día de hoy tiene fama de ser refugio de
criminales.
Pero
allí el Señor los buscaría y los tomaría. Si el fugitivo era tan loco como para
echarse al mar, aún allí Dios tenía un instrumento de juicio para atacarlo:
· La serpiente puede hacer referencia al Leviatán mencionado en Is. 27:1.
Ayuda
Hermenéutica:
H5175 נָחָשׁ = nakjásh: de H5172; serpiente (por su siseo): - áspid, culebra, serpiente, víbora. (Strong).
El Monte Carmelo. 9:3.
Localizado cerca
de la costa del Mediterráneo y de la presente ciudad de Haifa, el Monte Carmelo
se levanta a unos 190 m sobre la llanura y marca la entrada al valle de
Jezreel.
Hubo un centro de
culto al dios Baal sobre el monte, y fue allí mismo donde el profeta Elías retó
a los 450 profetas de Baal. La victoria de Jehová indicó su soberanía sobre el
pueblo y el territorio.
El monte Carmelo era importante para Amós y para Israel. Al anunciar el mensaje de juicio de Dios a su pueblo dice que se seca la cumbre del Carmelo (1:2). Inmediatamente esto llamaría la atención porque todo el monte era muy fértil, y su sequedad sería una muestra clara del castigo a la nación que no había obedecido a Dios. Isaías y Jeremías anuncian que después del castigo al pueblo, el Carmelo volverá a su hermosura anterior (Is. 35:2 y 50:19).
El
versículo que más debe preocuparnos es el 4: Sobre ellos pondré mis ojos para mal y no para bien. Normalmente la
frase que dice que Dios pone sus ojos sobre su pueblo es de gran consuelo.
Vea Jr. 24:6; también la bendición de Núm. 6:24-26 es una de las más hermosas de la Biblia hablando del rostro de Dios sobre su pueblo. No obstante, Dios es el Juez Supremo de todos. Ninguna acción nuestra escapa a su atención. Pero nos ha abierto un camino para cambiar nuestras acciones pecaminosas: solamente en Cristo el pecador encuentra “el camino, la verdad y la vida”.
2.
Himno De Exaltación Al Poder Incomparable De Dios. Amós 9:5-6.
Este
himno es una doxología muy semejante a la Deut. 4:13 y 5:8, 9. Los tres
terminan alabando el nombre de Jehová y afirmando su
poder cósmico como:
·
Creador de los cielos y
· Sus
huestes (Gn.
1:16-18).
Seguramente desde su hogar en las alturas de Tecoa Amós pasó muchas horas contemplando las estrellas y los planetas, y cada día quedó más convencido del poder de Dios, quien dirigió los destinos de las naciones de igual manera que guio los planetas en sus órbitas.
El versículo 9:5 se refiere a las tempestades o tormentas que eran muy fuertes sobre Israel antes de la llegada de cinco meses totalmente sin lluvia. Los arroyos secos se convirtieron en un momento en torrentes peligrosos. En 9:6 Amós se refiere al firmamento que se menciona en Gn. 1:6. El primer cielo para el hebreo era una bóveda sobre la tierra con trayectorias bien definidas para el sol y la luna.
3. Juicio Divino Sobre Israel. Amós 9:7-10.
Ante
los ojos de Dios todas las naciones son iguales:
·
Dios no hace acepción de personas ni
de pueblos.
No
obstante, hay una verdad aún más profunda:
·
Dios sí
se interesa en las migraciones de los pueblos, pero no tiene con todo el mismo
compromiso que tiene con Israel.
En
lugar de jactarse sobre sus privilegios, Israel debe reconocer que goza de
mayores privilegios, y al mismo tiempo tiene mayores responsabilidades que
otros pueblos en asuntos morales y espirituales.
Historia
de la nación de Israel:
En el 876 a. de J.C.
el rey Omri trasladó la capital de Israel de Tirsa a un monte que había
comprado, por dos talentos, de una persona llamada Semer. Su deseo era competir
con la ciudad de Jerusalén y así afirmar la importancia de su reino. El sitio
tenía protección natural, circundado por altas peñas en tres lados. Allí
edificó un fuerte amurallado y lo nombró Samaria según el nombre del dueño
previo (1 R. 16:23, 24).
Omri y su hijo
Acab emplearon a los artesanos de renombre de Fenicia y Samaria llegó a ser
conocida como un modelo de construcción, ingeniería y artesanía. La ciudad
amurallada desde un lugar privilegiado pudo resistir los ataques del enemigo
hasta el último sitio de los asirios en el año 722 a. de J.C.
“La casa de marfil” de Acab (1 R.
22:39) y “las
camas de marfil” (Amós 6:4) son evidencias de la opulencia de los
ricos de la nación, pero su falta de compasión por los pobres, y su resistencia
a seguir sinceramente las enseñanzas de Dios, ocasionarían su derrota final.
En el año 722 a.
de J.C. los asirios destruyeron Samaria y deportaron a 27,290 de sus habitantes
a otras partes de su reino.
Después trajeron
gente de otros pueblos conquistados a vivir en Samaria. Esto era parte de su
plan de colonización para debilitar el sentido de nacionalismo e independencia
en todo su imperio.
Sargón II, el rey
de Asiria, se jactaba de haber reconstruido la ciudad “mejor que antes”. La historia de
Samaria sigue los movimientos internacionales del Medio Oriente, habiendo sido
conquistada por los babilonios, los persas, los macedonios y los romanos.
Tiene la Ley de Dios; los demás no. Por eso Amós lamenta que el pueblo de Israel esté tan arraigado en sus hábitos morales, y que no tenga ningún interés en cambiar su manera de vivir.
Israel no fue elegido por sus méritos, sino por el amor de Dios. “No porque vosotros seáis más numerosos que todos los pueblos Jehová os ha querido y os ha escogido, pues vosotros erais el más insignificante de todos los pueblos. Es porque Jehová os ama y guarda el juramento que hizo a vuestros padres, que os ha sacado de Egipto con mano poderosa y os ha rescatado de la casa de esclavitud…” (Deut. 7:7-8). El Pacto del Sinaí era una realidad muy seria para Amós. Lo que denunció de manera enfática era la perversión de esta relación por los hebreos, quienes habían convertido el Pacto en la base de autojustificación y falsa seguridad.
Dios
no solamente cuida de los israelitas por ser su pueblo sino también a otros
pueblos como los etíopes, los filisteos y los arameos. Era Dios de todos, pero
solamente con un pueblo hizo un Pacto entregándoles una misión universal. Los
filisteos procedieron de la isla de Creta, cerca de Grecia, aquí con el nombre
de Caftor, y los arameos de Quir, una ciudad al sur de Carquemis en
Mesopotamia.
El v. 7 es una de las declaraciones más fuertes de la Biblia acerca de la soberanía de Dios sobre todas las naciones. Aunque Dios había establecido una relación especial con Israel, esta no lo limitaba en su cuidado y dirección del desarrollo de otras naciones y eventos históricos de los pueblos mencionados, como también de otros pueblos.
Semillero Homilético:
El Dios soberano. Amos 9:5–10.
Introducción: Dios es soberano en el mundo. Él es su Creador y él mantiene el cosmos funcionando. También es soberano sobre los eventos históricos. ¿Es soberano en su vida?
I. Dios soberano sobre la naturaleza (vv. 5, 6).
1. El que crea y
controla la naturaleza.
(1) El poder del
terremoto.
(2) El poder de la
crecida y la merma del río.
2. El que creó el
cielo.
3. El que da la
lluvia a la tierra.
II. Dios soberano sobre la historia (v. 7).
En ese entonces se
creía que el dios de un pueblo estaba limitado a ese pueblo. ¡No es así con el
Señor Jehová!
1. Sus actos controlan a todas las naciones, aun a los
enemigos de su pueblo.
(1) Israel sale de
Egipto.
(2) Los filisteos de
Caftor (Creta).
(3) Los sirios de
Quir.
III. Dios Soberano en el Juicio (vv. 8–10).
1. El castigo contra
el reino pecador.
2. El castigo contra los incrédulos.
Conclusión: Dios es soberano en todo. Quiere ser soberano en su vida y encaminarlo en sus enseñanzas.
Los
versículos 9:8-10 son unos de los más fuertes del libro. Los ojos de Dios
están sobre el reino pecador y él ha tomado la determinación de borrarlo de la
faz de la tierra. Esto ocurrió al pie de la letra en el 722 a. de J.C. cuando
Samaria fue destruida después de un largo sitio de los asirios.
El mito de las diez tribus perdidas no es más que un mito. Los habitantes del norte fueron asimilados entre otros pueblos conquistados por Asiria y desaparecieron de la historia. Unas pocas familias lograron sobrevivir y han mantenido su apellido hasta hoy, pero nada como nación.
Como
dice Amós, un remanente de esas familias lograrán mantener su identidad, pero
la gran mayoría desaparecieron por medio de los matrimonios mixtos con las
personas de otras naciones conquistadas por Asiria y traídas a Samaria para
debilitar el sentido nacionalista de los israelitas y evitar levantamientos
contra su régimen.
La palabra “remanente” es de mucha importancia para los profetas; Isaías, Jeremías y Ezequiel afirman el principio de que Dios va a continuar su obra salvadora por medio de un remanente de Israel.
El v. 10 contiene una frase de mucha actualidad: No se acercará ni nos alcanzará el mal. Mucha gente piensa que puede vivir como desea y no le pasará nada por sus imprudencias. Esto no es así; una vez más debemos acordarnos de Gál. 6:7: no se puede sembrar una cosa y cosechar algo distinto. No se puede sembrar algo feo y malo, y cosechar algo hermoso y bueno. ¡La semilla misma siempre indica lo que la cosecha va a ser!
Historia De La Nación De Israel.
En el 876 a. de J.C. el rey Omri trasladó la capital de Israel de Tirsa a un monte que había comprado, por dos talentos, de una persona llamada Semer. Su deseo era competir con la ciudad de Jerusalén y así afirmar la importancia de su reino. El sitio tenía protección natural, circundado por altas peñas en tres lados. Allí edificó un fuerte amurallado y lo nombró Samaria según el nombre del dueño previo (1 R. 16:23-24).
Omri y su hijo Acab emplearon a los artesanos de renombre de Fenicia y Samaria llegó a ser conocida como un modelo de construcción, ingeniería y artesanía. La ciudad amurallada desde un lugar privilegiado pudo resistir los ataques del enemigo hasta el último sitio de los asirios en el año 722 a. de J.C.
“La casa de marfil” de Acab (1 R. 22:39) y “las camas de marfil” (Amós 6:4) son evidencias de la opulencia de los ricos de la nación, pero su falta de compasión por los pobres, y su resistencia a seguir sinceramente las enseñanzas de Dios, ocasionarían su derrota final.
En el año 722 a. de J.C. los asirios destruyeron Samaria y deportaron a 27,290 de sus habitantes a otras partes de su reino. Después trajeron gente de otros pueblos conquistados a vivir en Samaria. Esto era parte de su plan de colonización para debilitar el sentido de nacionalismo e independencia en todo su imperio.
Sargón II, el rey de Asiria, se jactaba de haber reconstruido la ciudad “mejor que antes”. La historia de Samaria sigue los movimientos internacionales del Medio Oriente, habiendo sido conquistada por los babilonios, los persas, los macedonios y los romanos.
4.
El Futuro Glorioso Del Pueblo De Dios. Amós
9:11-15.
Muchos
intérpretes enseñan que estos versículos se escribieron mucho después de la
época de Amós. La mayoría dice que fueron compuestos en Babilonia y agregados
al libro para suavizar el mensaje tan fuerte sobre la destrucción final de
Israel. No obstante, contienen promesas que un profeta agricultor muy bien
pudiera haber hecho. A pesar de una catástrofe tan enorme, Amós sabía que Dios
había traído a su pueblo de la esclavitud de Egipto a la tierra de Canaán;
también sabía de la promesa de Dios a David relatada en 2 Samuel 7. Dios
prometió conservar la dinastía de David para siempre.
Para Amós su Señor era un Dios que siempre cumplía sus promesas. Tal vez Isaías (Is. 55:8-9) no fue el primero que tuvo la revelación en cuanto a que los pensamientos de Dios son más altos que los pensamientos del ser humano, y sus caminos son más elevados que nuestros caminos.
El
día de Jehová:
En el AT., existe
el concepto de Dios como juez, juzgando las actividades diarias de su pueblo,
tanto de la nación como del individuo.
Desde la entrega
de los mandamientos y leyes que Dios dio a Israel él indicó que había que
ponerlos por obra (Deut. 6:1, 2). La obediencia era la mayor señal de que
existía una relación con Jehovah. Como consecuencia, el concepto de bendición y
castigo es enfatizado en el Pentateuco (ver Lv. 26:14–43 y Deut. 28:1–68),
predicado por los profetas y visto en los acontecimientos de la larga historia
del pueblo, a veces obedeciendo y siendo bendecido y en muchas otras ocasiones desobedeciendo
y siendo castigado.
Más adelante los
profetas vieron que habría un día final de juicio en el cual Dios juzgaría a la
nación y al individuo. Se llamaba este día escatológico “El día de Jehová” o “El día del Señor”
y tenía la idea tanto de bendición como de castigo. En muchos de los libros
proféticos se ve la falsa esperanza del pueblo de que para los judíos “aquel día” sería día de bendición y no de
castigo.
El
mensaje de los profetas es claro: no se puede creer que el día
de Jehovah traerá bendición al pueblo de Dios solamente porque ha sido su
pueblo escogido. Lo
castigará por no haberlo seguido y obedecido.
(Amós 5:18–20; 6:1–7). El día de Jehovah es día para rendir cuentas a Dios de cómo uno ha vivido. El juicio se basa en la obediencia o la desobediencia a Dios.
El v. 11 comienza con la frase clásica en el hebreo, bayom hahu, en aquel día. Ese día podría llegar pronto o tardar muchos años, pero es el día de un nuevo comienzo en la historia del mundo, el amanecer de la edad dorada cuando el reino de Dios será el único reino sobre la tierra. Isaías 2 y Miqueas 4 emplean la frase para hablar de la época gloriosa cuando habrá paz mundial y todas las naciones subirán a Jerusalén para recibir la instrucción (torah) de Dios.
La
palabra cabaña
(“tabernáculo”
o “tienda”) se podría entender como la
ciudad de David o el templo de David, pero lo más probable es que se refiera a
la dinastía de David. Será una estructura frágil. Se dice esto para advertir a
los reyes futuros que la prosperidad de Israel depende de su fidelidad a Dios.
El Salm. 89:38-51 y Jr. 30:9 emplean expresiones semejantes. De todos modos, un profeta tan inteligente como Amós sabía que tarde o temprano la ciudad de Jerusalén iba a caer ante un enemigo extranjero, víctima de su inmoralidad, pecado e idolatría.
En
Hech. 15:16-18 Jacobo, medio hermano de Jesús (Mt. 13:55; Jn. 7:3-5; Hech. 1:14)
citó estas palabras dejando fuera el nombre de Edom y empleando el texto como
profecía que los gentiles van a buscar al Señor.
En verdad el texto griego, la LXX, traducido cerca del 200 a. de J.C., dice lo mismo como la cita en Hechos 15. De todos modos, Edom, a pesar de su parentesco con Israel, muchas veces se portó como enemigo del reino de David, y en aquel día Dios va a permitir que su pueblo posea su territorio, según Amós.
Joya
bíblica:
He aquí que vienen días, dice Jehovah, cuando el que ara alcanzará al que siega, y el que pisa las uvas al que lleva la semilla; las montañas gotearán vino nuevo, y todas las colinas se derretirán (9:13).
“Una esperanza viva” 9:11–15.
Dios es soberano; aunque va a castigar a su pueblo por rechazarlo a él y sus enseñanzas, promete “levantar el tabernáculo caído de David…”. En medio del juicio y la condenación, Dios no se olvida de su pueblo y les da esperanza para el futuro. Las bendiciones vendrán por medio de la naturaleza en una fertilidad y productividad jamás conocidas. Traerá al pueblo del cautiverio; ellos edificarán sus casas y plantarán sus viñas y sus huertos. Estas promesas producirán “una esperanza viva”.
La
futura prosperidad de Israel se expresa en una metáfora muy linda. Normalmente la
cebada se cosechaba en marzo/abril y el
trigo en mayo/junio,
pero la cosecha será tan abundante que los segadores van a estar todavía
trabajando en octubre/noviembre cuando los agricultores deben estar rompiendo de
nuevo la tierra para sembrar el nuevo cultivo.
Lo mismo con los que recogen las uvas. Encontramos una promesa semejante en Lv. 26:5. No solamente habrá abundancia de comida sino también abundancia de bendiciones espirituales. Es interesante que 9:14 es lo opuesto Deut. 5:11. Nunca más van a trabajar para que otros coman los frutos de sus labores.
En 9:15 Amós emplea la palabra natas H5428, “arrancar” con referencia al destierro. Solamente Jeremías usa esta palabra en lugar de galah H1540 “enviar” a la gente a otro país como presos de guerra.
Ayuda Hermenéutica:
H5428 נָתַשׁ = natásh: raíz primaria; rasgar para separar: - arrancar, derribar, desarraigar, perecer, raíz, sacar por
completo.
H1540 גָּלָה = galá: raíz primaria; desnudar (específicamente
en sentido deshonroso); por implicación desterrados (cautivos que usualmente se
les desnuda); figurativamente revelar: - abierto,
abrir, aparecer, cautiverio, cautividad, llevar cautivo, claramente, conocer,
decir, descubierto, descubrir, desnudar, desterrado, desterrar, disipar,
encomendar, entregar, exponer, hacer transportar, manifestarse, manifiesto,
mostrar, partir, pasar, patente, publicar, revelarse, salir, traer, trasladar,
traspasar, trasponer. (Strong)
Para Amós, como hombre del campo, fue de gran gozo anunciar que nunca más el pueblo sería “arrancado” forzosamente de su tierra. Van a habitar para siempre en la tierra prometida, como dice Salm. 1:3. El pacto entre Dios y el pueblo será establecido de nuevo y durará eternamente.
Joya
Bíblica:
Pues restauraré de la cautividad a mi pueblo Israel, y ellos edificarán las ciudades desoladas y las habitarán. Plantarán viñas y beberán del vino de ellas; plantarán huertos y comerán de sus frutos (9:14).
A
diferencia de Elías y Eliseo, Amós no promovió ninguna revolución armada contra
el rey Jeroboam II. Sabía que la revolución de Jehú no había dado resultados
positivos en la vida de la nación. Comprendió que lo que hacía falta era una
transformación moral y espiritual.
El pueblo entero, ricos y pobres, gobernantes y gobernados, tendrían que eliminar la represa de injusticia y opresión, y dejar que la justicia y la rectitud fluyeran como un río abundante que llegaría a cada nivel de la sociedad.
Amós
empleó lenguaje muy fuerte, pero al mismo tiempo sabía que hay un equilibrio
muy fino en el corazón de Dios entre juicio y misericordia. Muchas veces
dijo al pueblo de Israel y Judá:
Ø ¡Buscad a Jehová y vivid!
Ø ¡Buscad el bien y no el
mal, para que viváis!
Aborreced el mal y amad el bien. (Amós 5:6; 5:14-15). No pudo ver la resolución del problema, pero sabía que Dios daría vida a los que lo buscaran con sinceridad. Este dilema se resolvió solamente por la cruz de Jesús.
Necesitamos
predicar y enseñar las palabras de Amós. El pecado todavía reina en las
corporaciones multinacionales, los gobiernos, las industrias, como también en
los corazones de personas de todas las naciones, sin distinción de sexo, raza,
posición social o económica.
Debemos señalar el pecado con amor e indicar el camino de Jesús como la única solución duradera a la injusticia. La nación, la familia o la persona que sigue el camino que Israel tomó en el año 760 a. de J.C. va a experimentar un desastre de aun mayores proporciones de lo que Israel sufrió.
Más
adelante los profetas vieron que habría un día final de juicio en el cual Dios
juzgaría a la nación y al individuo. Se llamaba este día escatológico “El día de Jehová”
o “El día del
Señor” y tenía la idea tanto de bendición como de castigo. En muchos
de los libros proféticos se ve la falsa esperanza del pueblo de que para los
judíos “aquel
día” sería día de bendición y no de castigo.
El
mensaje de los profetas es claro:
· No se
puede creer que el día de Jehová traerá bendición al pueblo de Dios solamente
porque ha sido su pueblo escogido.
Lo castigará por no haberlo seguido y obedecido. (Amós 5:18-20; 6:1-7). El día de Jehová es día para rendir cuentas a Dios de cómo uno ha vivido. El juicio se basa en la obediencia o la desobediencia a Dios.
“Una esperanza viva”. Amós 9:11-15.
Dios
es soberano; aunque va a castigar a su pueblo por rechazarlo a él y sus
enseñanzas, promete “levantar el tabernáculo caído de David…”. En medio
del juicio y la condenación, Dios no se olvida de su pueblo y les da esperanza
para el futuro.
Las
bendiciones vendrán por medio de la naturaleza en una fertilidad y
productividad jamás conocidas. Traerá al pueblo del cautiverio; ellos
edificarán sus casas y plantarán sus viñas y sus huertos. Estas promesas
producirán “una
esperanza viva”.
He aquí que vienen días, dice Jehovah, cuando el que ara alcanzará al que siega, y el que pisa las uvas al que lleva la semilla; las montañas gotearán vino nuevo, y todas las colinas se derretirán:
Fin:
___________
Nota y Bibliografía:
- Exposición Roy y
Joyce Wyatt. Ayudas Prácticas Roy y Joyce Wyatt. e-Sword-the. LEDD. Mundo
Hispano.
- Biblia de
Estudio RYRIE.
- Pastor: Carlos
Ramírez Jiménez. 15//04//2021. MISIÓN BAUTISTA “Emanuel”. Ciudadela de
Noé. Los Cardos Mz.E-Lt.18. III Etapa.
Cerca del Hospital Regional II. Cel.
942-562691-Tumbes.
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