La Esperanza Cristiana: (1 Corintios 15:20-34)

 

La Esperanza Cristiana:

(1 Corintios 15:20-34)

 

“Mas ahora Cristo ha resucitado de los muertos; primicias de los que durmieron es hecho… Porque por cuanto la muerte entró por un hombre, también por un hombre la resurrección de los muertos… Porque así como en Adán todos mueren, también en Cristo todos serán vivificados”. (vv. 20-22)

 

Pastor: Carlos Ramírez Jiménez:

Mas ahora Cristo ha resucitado—Como es en realidad el coso. primicias de los que durmieron es hecho—Las arras, o prenda, de que todos resucitaremos, de modo que no es vana nuestra fe, ni nuestra esperanza limitada a esta vida. La fecha de la redacción de esta Epístola fue probablemente en tiempo de la Pascua (cap. 5:7); el día después de la Pascua era el tiempo que se dedicaba para la ofrenda de las primicias (Lv. 23:10-11), y este mismo fue el día de la resurrección de Cristo: de ahí la propiedad de tal figura.

1.      La Primicia:

Pablo se apresura para advertir a los corintios que su fe no es en vano, no es inútil. Esto es así, porque de hecho Cristo ha sido resucitado. (Conviene recordarnos que el verbo empleado por Pablo varias veces, “ha resucitado”, siempre da la idea de que es el poder de Dios el que levanta a Jesús de la muerte. No es que Jesús mismo se haya levantado a sí mismo independientemente. La resurrección de Jesús siempre es contemplada como resultado de la intervención poderosa de Dios).

Ayuda Hermenéutica:

 

G1453 ἐγείρω = egéiro: probablemente similar a la base de G58 (mediante la idea de hacer acopio de las facultades de uno); despertar (transitivamente o intransitivo), i.e. levantarse (literalmente del sueño, de estar sentado o acostado, de la enfermedad, de la muerte; o figurativamente de la oscuridad, inactividad, ruina, no existencia): - enderezar, levantar, despertar, resucitar. (Strong).

El Apóstol afirma que ya no vale la pena seguir pensando en lo que “hubiera sido” si Cristo no hubiera resucitado. Para los verdaderos creyentes, la evidencia de la resurrección no admite debate. Vale más que empiecen a pensar en lo que sí es por causa de la victoria de Cristo sobre la muerte.

Para hacer esto Pablo emplea algunas figuras tomadas del AT., y de la práctica del judaísmo. “Primicias” es un término que describe los primeros frutos de la cosecha agrícola. Normalmente, éstos se ofrecían en el templo judío en Jerusalén (ver Lv. 23:10-14). Las primicias de la cosecha no tan sólo se consagraban a Dios, sino que también eran símbolo de cosechas aún más abundantes. La resurrección de Jesús afirma y hace posible nuestra propia resurrección (ver Rom. 8:23; 11:16). Por esto, la resurrección de Jesús representa la seguridad de que los creyentes, aunque ya fenecidos, también serán resucitados.

En los vv. 21, 22 encontramos la introducción que Pablo hace del tema del primer y el último Adán (ver vv. 45-49; Rom. 5:12-21). Este tema presenta una analogía entre dos hombres representativos.

El primer Adán estuvo a la cabeza de la vieja creación; este introdujo la muerte a la humanidad debido a su pecado (ver Gn. 3:17-19). Por su pecado todos los hombres vivimos en un mundo caracterizado por el egocentrismo y el pecado; todos los hombres pecamos, la muerte es nuestro destino (ver Rom. 5:12; 5:19). Conviene reconocer que Pablo, sin duda, veía en el primer Adán un individuo histórico, el primer hombre del cual todos hemos descendido.

Pero es importante constatar que también Pablo consideraba a Adán como la humanidad. El nombre Adan H121­­-G76 en hebreo significa justamente eso. Se consideraba que toda la humanidad había estado presente en Adán. Tal era la solidaridad del género humano en Adán. Tal es la solidaridad de la humanidad en el pecado. Por lo tanto, hay una solidaridad de la humanidad también en la muerte.

Ayuda Hermenéutica:

 

G76 Ἀδάμ = Adám: de origen hebreo [H121]; Adán, el primer hombre; tipicamente (de Jesús) hombre (como su representante): - Adán.

 

H121 אָדָם = Adám: lo mismo que H120; Adam, nombre del primer hombre, también lugar en Palestina: - Adam, Adán. (Strong).

 

En cambio, Cristo encabeza la nueva creación, y es “el primogénito de entre los muertos” (ver Col. 1:18; Ap. 1:5). En él todos los hombres de fe serán vivificados en la resurrección final. Como el nuevo Adán también es creador e inaugurador de una nueva humanidad.

Como el último Adán, Cristo es un personaje histórico y escatológico. él comenzó la creación en su muerte vicaria y su resurrección victoriosa; vendrá la consumación de esta nueva humanidad con el fin del tiempo. Esta nueva humanidad está constituida por los hombres de fe en Cristo como Salvador.

La lógica nos dice que la analogía entre los resultados de los dos “hombres” es consecuente. Es decir, si todos los hombres, en Adán, están destinados a la muerte, entonces todos los hombres deben ser vivificados. Un análisis cuidadoso, sin embargo, revela que la lógica no resulta en este caso. Es cierto que todos los hombres en Adán optan por pecar y mueren. No es cierto que todos los hombres serán resucitados por lo que hizo Cristo.

Hay una expresión sumamente importante: los que serán vivificados son los hombres “en Cristo”. Esto quiere decir que no se puede derivar la idea de una salvación universal de este pasaje, sino que la obra redentora de Cristo es eficaz sólo para los hombres de fe. Esto no quiere decir que Cristo muriera sólo por los elegidos o los predestinados.

Más bien, la expiación de Cristo es “para todo aquél que creyere”. El universalismo está equivocado tanto como la doctrina de una expiación limitada es errónea. Una cosa cierta es que Pablo habla fuertemente de un juicio fuerte en otras de sus cartas. Esto en sí descarta el universalismo (ver Rom. 1:18; 2:6-8; 5:10).

Ahora (v. 23) el Apóstol enfoca la resurrección en términos apocalípticos. Esto era natural, ya que Pablo había insistido en la resurrección como un evento futuro. Para algunos, puede parecer que hay una sección aparte en los vv. 23-28. Pero no es una desviación, ya que se retoma en los vv. 50-57. Lo que sí se observa es que los principios establecidos en los vv. 21, 22 son llevados a su aplicación a partir del v. 23.

Es evidente que el Apóstol estaba familiarizado con los términos militares. Ciertamente en su vida como misionero tuvo la experiencia de ser custodiado por soldados romanos en más de una ocasión. La palabra griega para “orden” es un término militar, y se refiere a los distintos rangos entre los militares. Con esta expresión, el Apóstol afirma que los eventos escatológicos se regirán según un orden establecido, un plan predeterminado por Dios.

“Cristo las primicias”:

·    Jesús fue el primero en ser resucitado por el poder de Dios. (Se debe comentar que hay una diferencia entre la resurrección de Jesús y las “resurrecciones” de algunos narradas en el NT; esas resurrecciones devolvieron la vida a esos individuos, tales como Lázaro, pero todos volvieron a morir físicamente al final. No fue así con la resurrección de Jesús. Le fue devuelta la vida por el poder de Dios, y no volvió a morir).

Su resurrección fue uno de los eventos culminantes en la historia de la salvación, y así inauguró “el fin de los tiempos” (el eskaton G2078). Ya que se hizo realidad la resurrección de Jesús, se prometía una “cosecha” mayor. A esto se refiere el Apóstol al decir: “luego” (eita G1534), o sea, los que siguen en el orden establecido, “los que son de Cristo”. Los creyentes en Cristo (los vivos tanto como los muertos) pueden esperar su resurrección final sólo al final del tiempo durante la parusia G3952, vocablo empleado por Pablo pocas veces. Esta es la venida de Cristo con su poder mesiánico al final de la era presente (ver Mt. 24:27; 1 Ts. 2:19; 4:15; 5:23).

Ayuda Hermenéutica:

 

G3952 parousia = (παρουσία, G3952), lit: presencia (para = con, y ousia = un ser; de eimi = ser). Denota tanto una llegada como una consiguiente presencia con. Por ejemplo, en una carta sobre papiro una dama habla de la necesidad de su parousia en cierto lugar a fin de atender algunos asuntos relacionados con su propiedad allí. Pablo habla de su parousia en Filipos (Filp. 2:12; en contraste a su apousia = su ausencia; véase AUSENCIA). Otras palabras denotan la llegada (véanse eisodos y eleusis = encima). Parousia se usa para describir la presencia de Cristo con sus discípulos en el monte de la transfiguración (2 P. 1:16). Cuando se usa del retorno de Cristo, en el arrebatamiento de la Iglesia, significa no meramente su llegada momentánea por sus santos, sino su presencia con ellos desde aquel momento hasta su revelación y manifestación al mundo. En algunos pasajes la palabra da prominencia al inicio de aquel período, implicándose el curso del período (2 P. 3:4). En otros, es el curso del período lo que es prominente (Mt. 24:3, 37; 1 Ts. 3:13; 1 Jn. 2:28); en otros la conclusión del período (Mt. 24:27; 2 Ts. 2:8).

También se usa esta palabra del Inicuo, del hombre de pecado, de su acceso al poder y de sus actos en el mundo durante su parousia (2 Ts. 2:9). Además de Filp. 2:12 (véase más arriba), se usa de la misma manera del apóstol, o de sus compañeros (1 Cor. 16:17; 2 Cor. 7:6-7; 10:10; Filp. 1:26); y del día de Dios (2 P. 3:12).

Nota: Para un tratamiento más pleno de parousia, vease Notes on Thessalonians, por Hogg y Vine, pp. 87, 88. (VINE).

Era muy importante que los corintios entendieran que su propia resurrección no podía considerarse como algo ya acaecido. Se sabe que uno de los errores de algunos de los creyentes en Corinto era justamente esto; rechazaban una resurrección corporal al final del tiempo, porque se consideraban ya resucitados en Cristo. Pablo se vio obligado a corregir este concepto. Lo hizo por medio del uso de la idea de “un orden establecido”.

2.      Respecto Al Reinado De Cristo:

La sujeción de todas las cosas debajo de sus pies Ver (Salm. 8:6; 110:1; Ef. 1:20-21; Col. 2:15; Heb. 2:5-9; 12:2; 1 P. 3:18-22). Muerte. Cuando los creyentes finalmente resuciten de los muertos, la destrucción de la muerte será completa (Ver 1 Cor. 15:54-55; Heb. 2:14-15; Ap. 20:13-14; 21:4).

Algunos, preguntándose respecto a una posible resurrección de los incrédulos, procuran encontrar ese grupo en el v. 24. Una lectura somera, sin embargo, revela que aquí no se aborda la cuestión de un tercer grupo. Esto es cierto especialmente cuando se toma en cuenta el significado de una palabra muy importante. Dicho sea de paso, los traductores de RVA han acertado al usar la palabra griega telos G5056 como “fin”.

Los que quieren hallar en este texto un tercer grupo de resucitados, los impíos, traducen la palabra como “los demás”, como si Pablo hablara ahora de una resurrección de ellos. El problema estriba en que no hay manera legítima de encontrar ese sentido para la palabra “fin” (telos G5056).

Ayuda Hermenéutica:

 

G5056 τέλος = télos: del primario τέλλω = téllo, (fijar fuera por un punto def. o meta); propiamente el punto al que se apunta como límite, i.e. (por implicación) la conclusión de un acto o estado (terminación [literalmente, figurativamente o indefinida], resultado [immedia, último o profético], propósito); específicamente impuesto o tasa (como pagado): - extremo, fin, finalmente, impuesto, propósito. (Strong)

La única base para que haya tal idea es que Pablo aquí emplea de nuevo el vocablo eita G1534 o luego, continuando así la idea del orden establecido por Dios. Sin embargo, no hay ningún problema en traducir la frase tal y como lo hicieron los editores de la versión RVA: “Después, el fin”. Según este pasaje, el orden predeterminado por Dios respecto a la resurrección es así:

·      Primero, Cristo;

·      Segundo, los creyentes en Cristo (los que vivan al momento de la “segunda venida” igual que los creyentes fallecidos),

·      Luego, el fin.

Por el vocablo “fin” (telos G5056) se entiende el fin de esta era o la consumación de la era. Justo desde su victoria sobre las fuerzas malignas al morir en la cruz, el Cristo resucitado ha venido reinando a la diestra del Padre (ver Filp. 2:9-11). En su venida en gloria, destruirá todas las potencias satánicas, sean personales o institucionales, que se opongan al gobierno de Dios.

El reinado de Cristo, o sea, la era del Mesías, tuvo su comienzo con su exaltación a la diestra de Dios (vv. 25, 26). Es evidente que Pablo considera que Cristo está reinando desde ese lugar de supremacía. Una base veterotestamentaria para este concepto se halla en el Salm. 110:1. Es más, este texto sirvió mucho tiempo en la iglesia primitiva como una manera de testificar del poder de Cristo.

El idioma griego sirve muy bien para detallar el reinado perpetuo de Cristo. El verbo “reine” implica que él ha de seguir reinando hasta acabar con todos los enemigos opositores al reino de Dios. Triunfalmente, al efectuar la resurrección de los creyentes de todos los siglos en su venida, Cristo pondrá fin al peor de los poderes, la muerte (ver Heb. 2:14 ss.; Ap. 20:14a). Si bien es cierto que otros textos sugieren que estos principados y poderes hostiles (Col. 2:15; 1 P. 3:22), incluso la misma muerte (2 Tim. 1:10), ya han sido aniquilados, es porque la muerte y la resurrección de Cristo vienen siendo las batallas decisivas en la guerra que sólo termina con la resurrección de su pueblo. Es una victoria sin par.

Conzelmann se pregunta respecto a la cuestión del orden cronológico entre el aniquilamiento de la muerte por Cristo y la resurrección. Este autor dice que algunos tendrán la destrucción de la muerte como algo previo a la resurrección.

Otros opinan, dice, que las dos cosas coinciden cronológicamente. Agrega el escritor alemán que para Pablo esta cuestión no tiene importancia, ya que considera que todos los eventos del fin se contraen en uno sólo y suceden simultáneamente. Su base está en lo que Pablo dice en 15:52.

Sería una omisión, tal vez objetable, no mencionar que hay algunos autores que piensan que los vv. 23-25 hablan de la creencia de Pablo respecto a un período de reinado terrenal después de la “segunda venida”. Este reinado por un tiempo indefinido sería en unión con los que están en Cristo.

Supuestamente, este reinado corresponde al milenio de Ap. 20:4-6. No obstante esto, es muy claro que Pablo no menciona ningún reinado terrenal intermedio de Cristo entre su victoria sobre la cruz y la entrega del reino al Padre. No hay ni vestigio de tal enseñanza en 1 y 2 de Tesalonicenses. Barrett y otros rechazan de plano que exista la idea de un reinado intermedio en este pasaje.

Es obvio que el Apóstol cita un pasaje muy importante para él (v. 27). Es una cita parcial del Salm. 8:6. Tanto el contexto en esta carta como el de Heb. 2:5 ss. hacen que la cita se asocie con el Salmo 110:1 recién aludido. Probablemente esto se deba al hecho de que las palabras “debajo de sus pies” son semejantes en ambos pasajes. Lo interesante es que el Salm. 8:5-8 parece aludir a la historia de la creación en Gn. 1:26-30. En dicho salmo es al hombre a quien Dios le ha dado el dominio.

Al igual que el autor de Hebreos, Pablo hace que estas palabras del Salmista se apliquen a Cristo por ser “el hijo del hombre”. Es este hombre Jesús, el último Adán, el que lleva a cumplimiento el propósito de Dios. Un hombre fracasó y trajo ruina a la tierra, el primer Adán. Dios, en su misericordia, levanta a otro para contrarrestar los efectos del primer Adán; es el segundo Adán. éste no podía ser cualquiera.

Tenía que reunir todas las cualidades necesarias para deshacer los efectos funestos del primer Adán. Jesús las reunió, y llegó a ser el fundador de una nueva humanidad. Por esto, se le sujetan todas las cosas. El único que no se le sujeta es Dios mismo. Hay en este pasaje una obvia enseñanza de la subordinación del Hijo al Padre. Esta subordinación es deliberada y tiene la mira de que el Padre, el autor de la creación y de la redención, reciba la adoración de todos (ver Mr. 12:36; Rom. 11:36).

Barrett observa que esta enseñanza de Pablo respecto a la final subordinación del Hijo al Padre pudiera atribuirse a una posible idea en la iglesia de Corinto de que el Hijo, al ser exaltado en su resurrección y ascensión, llegara a ser el único y supremo Dios. El mismo autor admite que no hay prueba contundente de la existencia de tal idea en la iglesia, y aunque la hubiera, era falsa. La obediencia del Hijo al Padre había sido y continuaría siendo una de las marcas de la virtud divina del Hijo.

La palabra “aquél” (v. 28) se refiere a Dios. La idea es que Dios es el que pone en sujeción todas las cosas a Jesús. Al igual que en la resurrección de Jesús, es el poder de Dios el que se activa, ahora es ese mismo poder activo en Jesús el que culmina la obra mesiánica. La construcción gramatical en el griego es interesante. El verbo “ponga” está en el subjuntivo del aoristo.

En esta instancia el modo subjuntivo, al igual que en español, indica un tiempo indefinido en el futuro. El aoristo en el griego indica que es una acción realizada, punto y aparte. Se hace de forma definida y tajante. La construcción, pues, implica que cuando Dios haya puesto todas las cosas bajo el control de Jesús, será una cosa irreversible, es inmediata e irrepetible. ¡No continúa, sino que ya se hizo! Nos recuerda un poco lo dicho por Jesús en la cruz: “Consumado es” (Jn. 19:30).

Cuando todo esto se haya cumplido, Jesús, el Hijo, voluntariamente se sujeta al Padre. Aunque el verbo está en la voz pasiva, no significa esto que haya un tercero que sujete al Hijo al Padre. Al contrario, la idea es que Dios estuvo presente activamente en la misión del Hijo. éste fue comisionado para que retomara la soberanía del Padre que había sido usurpada en parte por las fuerzas malignas. éstas las venció Jesús en la cruz y la tumba vacía.

Por el poder de Dios, el Hijo logró la victoria, y cuando acabe con la muerte, el último enemigo, se subordinará al Padre en obediencia “para que Dios sea el todo en todos”. Esta última parte del versículo ha sido malentendida por algunos. Ciertamente, Pablo no quiere decir con esto que va a haber una especie de absorción mística de toda la creación, incluso los creyentes, en Dios, perdiendo así su identidad individual. Lo que sí implica con esta expresión es que una vez más Dios ejerce directamente su soberanía total. Será una soberanía reconocida por su pueblo, y éste la glorificará.

Sin duda, uno de los pasajes más controversiales en toda la carta es el v. 29. Pareciera que en Corinto había algunos que no tan sólo creían en la teoría del bautismo vicario, sino que también lo practicaban. Parece que algunos miembros de la iglesia en Corinto eran bautizados en nombre de seres queridos fallecidos. éstos habrían muerto antes de llegar a bautizarse. Si los difuntos sin bautizar eran creyentes, se explica en parte la ausencia de una censura fuerte de parte del Apóstol. No se concibe que la práctica en Corinto incluyera el bautismo en nombre de muertos incrédulos.

Algunos piensan que posiblemente las palabras “se bautizan por ellos” no se refieren a un bautismo vicario, sino que algunas personas aceptaban el evangelio, y se bautizaban con el fin de poder estar con los seres queridos difuntos que habían creído y fueron bautizados durante su vida. Sería, entonces, una esperanza de que el bautismo como rito garantizara su reunión en el cielo con los seres queridos difuntos.

Cualquiera que sea la interpretación que se dé, no habla poderosamente de una doctrina apoyada en las enseñanzas previas del Apóstol ante los corintios. Lo que sí este pasaje comprueba es el ritualismo que caracterizaba a la iglesia en Corinto.

Se sabe que en el trasfondo cultural de los griegos existía el concepto de una especie de bautismo por los muertos. El filósofo Platón lo menciona como una práctica durante su día. Parece que la práctica entre los paganos antiguos sí era con la esperanza de que el rito purificara a los muertos que no hubieran sacrificado a los dioses. Sólo en tiempo posterior se sabe de la práctica con estos fines entre grupos seudo cristianos tales como los seguidores de Marción y otros grupos gnósticos.

3.      No Reconocen A Dios:

Exponerse a riesgos por amor al evangelio sería en vano si no hubiera resurrección. No conocen a Dios (v. 34). Su desconocimiento se manifiesta en la negación de la resurrección del cuerpo de los creyentes.

Lo que se debe reconocer aquí es que Pablo no favorece ni aprueba tal práctica entre los corintios. Dándose cuenta de que existía la práctica en Corinto, el Apóstol la menciona para robustecer su argumento en pro de la resurrección. Sus palabras recriminan a los corintios, porque si no había tal cosa como la resurrección, ¿por qué se molestaban en bautizar a los vivos en nombre de los muertos? Su propósito principal es lograr que los corintios reconozcan la importancia de la resurrección. Echa mano de los argumentos que se le presentan.

Pablo no ha terminado con la intención de mostrar eficazmente la importancia de la resurrección de los creyentes. Intima (vv. 30, 31) aquí que él pone su vida en juego todos los días a favor del evangelio y de los creyentes. Surge la pregunta normal: ¿De qué sirve que haga esto si no hay resurrección de los muertos? Total, si todo va a acabar con la muerte, no vale la pena someterse a tanto sacrificio. Sus sufrimientos los detallaría a los corintios dentro de poco tiempo (ver 11:23 ss.).

Estos mismos sufrimientos apostólicos bien pueden describirse como la muerte. Después, en 4:10, el Apóstol les dice a los corintios:

·     “Siempre llevamos en el cuerpo la muerte de Jesús por todas partes, para que también en nuestro cuerpo se manifieste la vida de Jesús”.

Para afirmar su amor para con los corintios, Pablo usa una especie de juramento, según la construcción gramatical. Su juramento expresa con fuerza el orgullo que siente por ellos y que comunica a otros cuando le toca referirse a los corintios.

Es interesante cómo Pablo no tiene empacho en llamarles la atención a los corintios, al hablarles directamente a ellos; pero cuando les habla a otros acerca de ellos, sus palabras demuestran el orgullo que siente por ellos como hijos de él en el evangelio (ver 1:14; 7:4, 14; 8:24; 9:2 ss.; 1 Ts. 2:19 ss.) Si el Apóstol estaba dispuesto a arriesgar a diario, inclusive la vida, con el fin de servir a los corintios, esto debe asegurarles de su propia esperanza respecto a la resurrección corporal. Al Apóstol, le gustaría que su propia experiencia del sufrimiento sirviera de aliciente para que los corintios también creyeran.

De nuevo, si no hubiera resurrección de los creyentes muertos, ¿para qué se molestó el Apóstol en sufrir tanto en Éfeso? (v. 32). Surge la pregunta si su lucha contra las fieras en Éfeso fue real o figurativa. Antes que nada, se debe saber que la oración comienza con una cláusula condicional, lo cual puede sugerir que Pablo está hablando figurativamente. Si la frase entera es figurativa, entonces es otra manera de decir “cada día muero”. Si es una declaración literal, viene siendo un ejemplo de su “muerte diaria”.

Hay varios factores que se deben tomar en cuenta al hablar de un encuentro del Apóstol con las fieras en un anfiteatro romano:

v Primero, pocas personas sobrevivían esta clase de persecución. Es evidente que Pablo aún vivía.

v Segundo, no se permitía que un ciudadano romano sufriera esta clase de castigo y conservara su ciudadanía romana. Se sabe que Pablo la tenía todavía cuando fue detenido en Cesarea (ver Hech. 23:23-27).

v Tercero, el libro de los Hechos no registra nada de una experiencia literal de esta naturaleza en relación con el Apóstol.

Se cree que, si la hubiera, Lucas se hubiera aprovechado de ese evento en sus relatos del ministerio de Pablo. Tal vez ninguno de los factores, tomado solo, determinaría la naturaleza de la expresión del Apóstol acerca de su lucha contra las fieras. En conjunto, sin embargo, sí hay bastante peso en el argumento de que es una expresión figurativa. Si así es, entonces lo que Pablo decía era algo parecido a lo siguiente: “Luchaba por la supervivencia”.

Una interpretación metafórica de la expresión no disminuye en nada la realidad y la severidad de los sufrimientos del Apóstol. Cualquiera que fuera el evento en la experiencia de Pablo, tiene que haber involucrado la posibilidad de perder la vida. De no ser así, la expresión no tendría el efecto que demanda el contexto. De nuevo, la idea de Pablo es que, si no hay resurrección de los muertos, no vale la pena haber sufrido tanto en el ministerio.

La última parte del texto, “¡comamos y bebamos, que mañana moriremos!”, es una cita directa de Is. 22:13. El contexto histórico de Isaías, desde luego, es distinto. Parece que Pablo cita este texto con el sentido que se halla en Prov. 2:24; en ese texto se afirma que no hay ninguna esperanza de vida después de la muerte. El escritor de dicho libro llega a la conclusión de que lo único que hay es esta vida, y hay que aprovecharla hasta donde sea posible (ver Prov. 9:7-10). Ahora bien, se debe aclarar que tal no es el pensamiento de Pablo.

Cita a Isaías con el sentido del Predicador en Eclesiastés sólo para afirmar que tal cosa sería cierta si no hubiera esperanza de una resurrección corporal del creyente. Si uno siguiera el pensamiento de algunos de los corintios, al rechazar estos la esperanza de una resurrección, lo natural sería que hubiera un vacío moral. Si la muerte termina todo, entonces habría que vivir locamente, según las oportunidades que se presentaran. Claramente, Pablo lucha en contra de tal idea. Su deseo es que los corintios reconozcan la esperanza que ofrece la resurrección.

Al igual que en 6:9, Pablo insta a los corintios a que no permitan que otros los encaminen mal o que los despisten (vv. 33, 34). Para ilustrar esto, el Apóstol cita a un poeta griego de nombre Menandro. Las palabras son tomadas de una obra suya titulada “Tais”. Dentro de la cultura griega, estas palabras llegaron a tener un poder proverbial. Llama la atención que esta es la única vez que Pablo cita una fuente extrabíblica en todos los escritos de él universalmente aceptados.

La cita probablemente está dirigida a los miembros de la iglesia en Corinto que se prestaban a ser corrompidos por los que se negaban a aceptar la doctrina de la resurrección. Algunos piensan que estos mismos miembros renegados eran también los que solían practicar el libertinaje en cuanto a la moral. La advertencia, sin embargo, va dirigida a los demás miembros de la congregación para que no se vieran influenciados negativamente por otros.

En 5:10 Pablo había dicho a los corintios que no esperaba que ellos huyeran del mundo en el sentido de separarse totalmente de sus vecinos y amigos paganos. Estaba bien que asistieran a las comidas que éstos brindaban (10:27).

Otra cosa, sin embargo, era que los creyentes cultivaran adrede amistades perversas. Parece que algunos de los corintios cedían ante esta tentación.

La expresión “volved a la sobriedad” es traducción de un verbo en griego que comunica la idea de una persona que ha tomado demasiado y sufre las consecuencias en una “cruda” o resaca. El aoristo del verbo, en cambio, señala que ya pasó la embriaguez y se ha vuelto a la sobriedad. Las palabras “no pequéis” traducen un verbo imperativo en tiempo presente; los traductores agregan la palabra “más”, porque esto comunica el sentido del verbo: la acción en proceso ya va acabándose. En realidad, Pablo ha usado las expresiones anteriores tocante a la ebriedad de forma metafórica.

El disfrute del mundo pecaminoso es la ebriedad, y esta misma ebriedad es ignorancia (agnosia G56). ésta es la ignorancia que los “sabios” tienen de Dios. No es solamente que no saben, sino que, de forma rigurosa, buscan adrede una vida sin Dios. Para Pablo hay una marcada conexión entre la ignorancia deliberada y el pecado (Rom. 1:18-23).

Parece que en Corinto había también algunas personas que reclamaban para sí un conocimiento (gnosis G1108) que les permitía juzgar respecto a la carne sacrificada a los ídolos (Rom. 8:1-13). Su supuesto conocimiento los llevaba a una apática indiferencia respecto a la moral. En esto erraban. Por esto, Pablo agrega: “Para vuestra vergüenza lo digo”.

Ayuda Hermenéutica:

 

G1108 γνῶσις = gnosis: de G1097; conocer (el acto) i.e. (por implicación) conocimiento: - sabiamente, ciencia, conocimiento. (Strong)

Si la muerte es el final de todo, disfrutar el momento es lo más importante. Pero los cristianos saben que hay vida más allá de la tumba y que nuestra vida en la tierra es sólo una preparación para la que nunca acabará. Lo que usted hace hoy incide en su eternidad. A la luz de la eternidad el pecado es a una apuesta tonta.

 

Los cristianos saben que hay vida más allá de la tumba:

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Nota y Bibliografía:

-  e-Sword-the. LEDD. Mundo Hispano. 

-  Biblia de Estudio RYRIE.

-  Pastor: Carlos Ramírez Jiménez. 4//10//2026. MISIÓN BAUTISTA: “Emanuel”. Ciudadela de Noé.  Los Cardos Mz.E - Lt.18. III Etapa. Cerca del Hospital Regional II.  Cel. 937-608382-Tumbes.


charlyibsh@hotmail.com

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